‘Ceda el paso’, también en el sentido contrario

Ceda el paso

Hace tiempo llevaba en el coche a un pasajero, que habitualmente conduce. En un ceda el paso donde nosotros íbamos a girar a la derecha, mi acompañante me preguntó el motivo por el que hice un rápido movimiento de cuello para mirar a ambos lados antes de reanudar. “¿Por qué lo haces? Si giramos a la derecha, no tenemos que atravesar el carril contrario, y por lo tanto los coches sólo pueden venir de nuestra izquierda. No es necesario mirar a la derecha”.

El razonamiento no deja de tener cierto sentido. Por lo menos, geométricamente. Sobre todo porque en el tiempo que llevábamos detenidos habíamos podido comprobar de sobra que no había obstáculos. Mi respuesta fue: “¿Y si viene alguien circulando en sentido contrario por el carril al que nos vamos a incorporar?”

La verdad, no recuerdo la contra réplica. Pero podemos imaginárnosla. Se supone que todo el mundo circula por su carril. Y, aunque cuando hay más de uno para el mismo sentido a menudo los conductores tienen ciertas dificultades para seleccionar el carril de acuerdo con la normativa, por lo menos la norma elemental de circular por el lado destinado a tu sentido se respeta con bastante dignidad.

Adelantamiento

No obstante, más allá de posibles descuidos, imprudencias y locuras, todos sabemos que hay ocasiones en que podemos invadir el carril contrario de forma legal y necesaria. Por ejemplo, si hay algún obstáculo en la carretera, o simplemente para adelantar. Si a alguien le ocurre ponerse a adelantar en el momento en que yo salgo de un ceda el paso sin mirar hacia ese lado porque presupongo que no debería haber nadie,… pues la lío parda. De hecho, en conducción defensiva siempre deberíamos desconfiar del verbo presuponer.

La costumbre de realizar esa miradita me la inculcó mi profesor de autoescuela, hace ya más de un lustro. En definitiva, ese es su trabajo. Y, la verdad, puede que mi reacción al principio fuera igual de escéptica que el de mi acompañante aquél día. No obstante, la verdad es que la lógica del argumento me ganó, hasta el momento de que los músculos de mi cuello han aprendido a oscilar a lado y lado en un ceda el paso sin que yo tenga que pedírselo.

De hecho, me explicó el instructor, cumplir con un ceda el paso (o, para el caso, con un stop) significa que tan sólo puedo continuar cuando puedo hacerlo sin obligar a ningún usuario de la vía a la que me incorporo a que modifique su velocidad y trayectoria. Y eso incluye a todos los usuarios de la vía a la que me incorporo. También a los que estén circulando en sentido contrario.

Pero si con la teoría no estaba suficientemente convencido, el otro día me vi involucrado en una circunstancia real en que se produjo un caso similar a los que estamos teorizando. En este caso, yo no era el que giraba, sino el que se vio obligado a ocupar momentáneamente el carril contrario cuando otro vehículo (que tenía un ceda el paso) giró a la derecha sin mirar.

Yo estaba llegando a mi casa. Estaba a unos 50m. Mi calle ya es bastante estrecha de por si, y en aquél momento una madre decidió que la acera no era el lugar adecuado para esperar a no se quien con su cochecito doble para gemelos. Están allí los tres, esperando en plena calzada. La madre ponía esa cara de nada que se te queda cuando llevas un buen rato esperando. Total, me vi en la tesitura de desviarme hacia la izquierda de la calzada o quedarme esperando con aquella mujer y su retoño duplicado.

Frenazo in-extremis de una moto

Frenazo in-extremis de una moto

En esas, que un ciclomotor salió de una calle transversal por mi izquierda. El conductor miraba atónito a la mujer… Cuando vi lo que se avecinaba, yo frené totalmente. Pero la motoreta no se percató de mi presencia hasta que casi fue demasiado tarde. Por suerte, la velocidad era extremadamente reducida, y pudo frenar a metro y medio de mi morro. No pasó nada. Nos excusamos mutuamente, él me esquivó, y yo procedí a abrir la puerta del garaje de mi casa. La mujer permaneció impertérrita.

Honestamente, en esta situación todos lo hicimos mal. La mujer, por el mero hecho de estar allí en medio, como si el asfalto fuera el mejor sitio para depositar un carrito con tus dos hijos, sobre todo teniendo en cuenta que había una acera bien hermosa a unos escasos metros. La moto, por no mirar a ambos lados antes de salir de su ceda el paso. Yo tampoco me libro de la quema, aunque me aseguré de que no venía nadie de cara al ocupar el carril izquierdo, debo entonar el mea culpa ya que no se me pasó por la cabeza que podía venir alguien por la calle transversal.

Si llega a haber una colisión frontal, no se a quién le habrían colgado el cartel de culpable oficial, si a mi por estar en el lado erróneo de la calzada o al ciclomotor por saltarse el ceda el paso. No obstante, los tres (incluyendo la mujer, aunque no habría participado en el incidente) tendríamos nuestra responsabilidad, tanto en cuanto podríamos haber hecho algo de forma más correcta para reducir el riesgo. En definitiva, de eso es de lo que se trata.

En cualquier caso, por suerte no ocurrió nada. Sólo quedó como una lección más que aprender. En mi caso, reforzar lo que ya aprendí en la época de preconductor: en un ceda el paso, también hay que tener en cuenta los que puedan circular momentáneamente por el carril contrario.

Foto | Martin Abegglen, Antonio Olmedo, Adri_j