
Antes de que termine este mes, me gustaría añadir algunas reflexiones sobre lo que empecé hace exactamente tres semanas cuando hablamos sobre cómo regular la posición de conducción: manejo del volante. Podría utilizar los subtítulos empleados en su día para resumir muy brevemente su contenido: la posición correcta de las manos en el volante, cómo mover el volante con seguridad y un conductor al volante debe inspirar confianza y seguridad para referirme a la correcta posición de conducción.
Hasta aquí, todo correcto. Es más, quise extenderme tanto que incluso eche mano de mis apuntes que aún conservo del curso de profesores de formación vial. Por si esto fuera poco, añadí algunas aportaciones de mi experiencia desde dentro y fuera de la barrera, como suele decirse, de muchos años al volante. Sin embargo, casi siempre, surgen dudas, opiniones y observaciones que merecen ser aclaradas por su importancia; reflexionar sobre ellas y si es necesario, rectificar o compartir con ánimo de seguir aprendiendo entre todos.
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La experiencia en la conducción se nota cuando podemos presumir de buen conductor. Claro, dicho así pues todos dirán que todo puede valer si llevas muchos años al volante, argumentos sobre los kilómetros recorridos como si algunos recorrieran el Rally París-Dakar, situaciones críticas al estilo aventuras de James Bond que suenan como historias de la mili, presumir de poseer todos los puntos en el permiso de conducir… Y, así, un montón de ejemplos que identifican a cualquier conductor pero no al buen conductor.
Me explico, pero, primero quisiera advertir que cualquiera de nosotros puede identificarse con alguna de las conductas al volante que mencionaremos. Como prueba de ello, hay que decir que nadie nace con un volante entre las manos y que, sin ser espectaculares en plan: ‘menos mal que frené a tiempo’, no deja de ser un comentario de una clase sobre prevención vial por tratarse de una de las habituales acciones del conductor del día a día: la anticipación. Un piloto de avión acredita su experiencia con las horas de vuelo realizadas. En cambio, a los aspirantes al permiso de conducir, ¿le exigen algunas horas teóricas y prácticas?
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La posición de conducción o al volante, como suele decirse, empieza realmente cuando después de regular el asiento, reposacabezas, espejos y cinturón de seguridad decidimos arrancar el vehículo. Para ello, primero, desbloquearemos el volante tras girarlo hacia la izquierda a la vez que giramos la llave (si el coche no es automático) y, segundo, comprobaremos que podemos girarlo hacia los lados antes de iniciar la marcha e incorporarnos a la circulación.
El volante es el principal elemento de dirección, generalmente en forma de aro, con el que el conductor, desde su posición, dirige la trayectoria del vehículo. Si bien, llevarlo ajustado en altura (como vimos tras regular el asiento) y conociendo la manera correcta de coger el volante, sus movimientos básicos y en definitiva, aplicando una serie de técnicas durante la conducción, conseguiremos una conducción más cómoda y, por tanto, más segura.
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Aunque siempre hablamos de la niebla en otoño o invierno, este fenómeno meteorológico puede aparecer en cualquier época del año de forma imprevisible. Puede reducir la visibilidad hasta hacer impracticables las carreteras por las que circulamos y en algunas zonas geográficas como los valles, puede sorprendernos al aparecer repentinamente.
Para conducir nuestro vehículo bajo este fenómeno que disminuye la visibilidad es necesario tener nuestro coche en perfecto estado de revista en primer lugar. Después, nunca esta de más comprender en qué consiste la niebla y sus tipos si vamos a tener que convivir con estas nubes bajas, en ocasiones tan bellas como peligrosas. Leer más…

Los motoristas esperan la próxima reforma de la ley de tráfico como agua de mayo. Los nuevos desarrollos normativos que se están preparando desde la DGT contemplan al menos ocho puntos y esperan que se hagan públicos antes de final de año aunque a día de hoy no hay nada claro en este sentido. Todo este plan ya estaba en el calendario de la anterior dirección de la DGT comandada por Pere Navarro. El Plan Estratégico de Seguridad Vial para Motocicletas se inició en el año 2008 presentando un documento dónde se recoge la normativa a la que nos referimos.
Uno de los temas que más ha dado que hablar fue la confirmación por parte del Gobierno de la velocidad máxima a 90 km/h en las carreteras secundarias que tratamos en Circula Seguro a mediados de junio de este año. Por otra parte, el aumento a 130 km/h en autopista y autovía se ha quedado en un “cuando haya dinero”, ya que la DGT pensó en un límite de velocidad variable que se adapta a las condiciones de la vía por la que circulamos. De todo lo mencionado, a día de hoy no tenemos nada, solo los consabidos 90km/h en carreteras secundarias pero de los ocho posibles puntos que afectan directamente a la moto, hay al menos tres que merecen opinión. Leer más…

En el artículo anterior de esta mini-serie vimos los dos momentos de la fase de percepción, la visión subjetiva y real. Ahora hablaremos sobre la siguiente fase, la fase de decisión y ejecución para seguir explicando los acontecimientos que existen previos al conflicto o resultado final.
Me mantengo en mi postura al afirmar sobre la importancia de una buena percepción del riesgo para entender nuestro comportamiento cuando vamos al volante. La atención y anticipación en la tarea de conducir supone tener reservado un as para ganar la partida a lo que sucede sin esperarse.
Prever cualquier peligro, como el ejemplo que comenté sobre el obstáculo en mitad de la calzada, supone ganar tiempo y reaccionar con éxito. Y ya sabemos que en materia de metros por segundo, el espacio se reduce muy rápidamente. Veamos algunos ejemplos.
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Como ya dijimos en el artículo anterior cuando vimos la visión subjetiva para explicar la composición de cualquier incidente vial desde que se percibe el peligro hasta que se produce el mismo, esa serie de acontecimientos consta de varias fases y a su vez de posiciones las cuales están constituidas por momentos o espacios.
Vimos con algunos ejemplos la primera fase de percepción y definimos la visión subjetiva como el momento en el cual, cualquier conductor, en condiciones normales, puede percatarse de alguna circunstancia irregular y que al mismo tiempo la identifica como un peligro. Es la primera visión que tenemos del acontecimiento inesperado.
Pues bien, para completar la fase de percepción pasamos a explicar ahora al segundo momento de dicha fase, la visión objetiva o real para comprender, la secuencia previa que existe con anterioridad a la toma de decisión. Veamos algunos ejemplos.
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La conducción de un vehículo, además de los conocimientos teóricos y prácticos, requiere ciertas aptitudes psicofísicas. Digamos que son las condiciones físicas y clínicas exigidas por los Centros de Reconocimiento de Conductores para obtener o prorrogar el permiso de conducir. En dicha revisión se comprueba, además del estado de salud, la capacidad auditiva, la coordinación motora y sensorial.
Pues bien, uno de los requisitos más influyentes en la tarea de conducir es la capacidad visual, es decir, la acción y efecto de percibir el conductor, a través de la vista, el entorno que le rodea. Además de la atención permanente en la conducción, todo conductor, tiene que saber seleccionar los mensajes externos que le llegan, darle su importancia e interpretarlos acorde a su experiencia.
El tiempo que tardamos en reaccionar o la ausencia de maniobra evasiva son algunas de las causas que directa o indirectamente influyen en los siniestros con ocasión del tráfico. La respuesta ante una situación de riesgo al volante va a depender de cómo ésta sea percibida. De ahí la importancia de la percepción subjetiva y real de que dispone el conductor en la fase previa al conflicto.
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Aprender a conducir y después a circular no se consigue simplemente superando un examen teórico y práctico. Además de conocer las reglas del juego, habilidades y actitudes necesarias para evitar riesgos ante cualquier imprevisto, es importante tener una visión conocida y real de nuestro entorno. Manejar los mandos de un vehículo requiere además una preparación previa de auto responsabilidad que tiene que inculcarse durante el proceso de aprendizaje.
Cuando vamos al volante, tenemos que ser conscientes de la necesidad de una toma de decisiones de manera continua, precisa y libre de cualquier emoción o sentimiento que pueda desviar nuestra atención. No se trata de la exposición de la buena conducta como única garantía de éxito ni nada por el estilo. Es, simple y llanamente, circular como lo hacemos a diario pero con una identidad propia que defina nuestro comportamiento en sociedad.
Actualmente, la formación vial en las escuelas particulares de conductores prepara a los alumnos sobre el control y habilidades del vehículo así como la conducción en situaciones de tráfico real adaptadas, muchas veces, a las exigencias del alumno y otras, condicionadas por el propio centro de formación. Sin embargo, según un estudio Noruego basado en la conducción segura, dice que hay dos nuevas actividades que complementan los objetivos adecuados para la educación del conductor.
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Si ya antes era partidario de la formación continuada, desde este fin de semana soy un firme defensor de la necesidad que tenemos todos, todos, de pasar de vez en cuando por las manos de alguien que sepa más sobre esto de llevar un vehículo de un lado a otro. Perder, no perderemos casi nada, y hay mucho que ganar.
En el caso que me ocupa, me refiero a la conducción eficiente, un tema sobre el que tenía mis bases y mis conocimientos derivados de mi formación, pero que necesitaba poner en práctica no sólo conmigo como único juez sino con alguien que de verdad pudiera marcarme los errores y las correcciones que necesitaba. Por eso, en cuanto tuve la oportunidad la aproveché.
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