Bicimad ha aumentado su siniestralidad y hemos probado el servicio para tratar de descubrir por qué

La bicicleta es una solución ideal para las ciudades para paliar la contaminación y revitalizar el transporte en las ciudades. Claro que, tomar la decisión de utilizar este vehículo para desplazarse a través de las ajetreadas calles de una ciudad no es sencillo.

De ahí que como vía de introducción los ayuntamientos lleven años optando por fórmulas que se traducen en diferentes servicios públicos de bicicletas. El caso que nos ocupa, el de la bicicleta pública Bicimad, comenzó su aventura en 2014 poniendo a circular sus bicicletas eléctricas por las concurridas calles de Madrid. Curiosamente en el presente año, la siniestralidad de Bicimad ha aumentado de forma significativa.

En primer lugar, lo lógico es pensar que año si el número de usuarios abonados ha crecido, lo mismo ocurre con los incidentes registrados. Quizá haya sido así los años precedentes, pero de momento no ha sido el caso para 2017. En los primeros cuatro meses del año se registró un 80% más de accidentes que en el mismo período de 2016, dato que no ha ido acompañado de un repunte de nuevos abonos.

La corporación municipal no afronta una tarea sencilla. El servicio de aviso y asistencia para los incidentes en los que se ve implicada una bicicleta pública funciona de forma muy eficaz, atendiendo en su caso al ciclista accidentado del modo más rápido posible. Así lo pudimos comprobar de primera mano llamando al teléfono gratuito que se facilita. La gestión además, también se puede realizar a través de Internet.
Eso sí, algo más complicado es tratar de conseguir la información sobre las causas de los accidentes más recientes. La Policía Municipal de Madrid, sí que ha facilitado algunas cifras de los 199 accidentes ocurridos hasta el pasado mayo, siendo las colisiones entre bicicleta y otro vehículo (72) el motivo principal. En el fondo, no se trata de números escandalosos, pero sí en incremento.
Vemos que los motivos son múltiples, y por eso, qué mejor que haber sido usuarios activos de Bicimad durante los últimos cuatro meses para comprobar en primera persona las bondades y defectos del servicio, y así de paso tratar de explicar ese incremento de los accidentes que muestra la estadística desde nuestra perspectiva.

Una cuestión de convivencia

Vamos paso a paso. El primero de esos motivos surge de la inevitable y ya conocida convivencia (y roce en tantas ocasiones) entre conductores y ciclistas. Muchas páginas podríamos escribir recogiendo las infracciones imperdonables de ambos medios de transporte. Para el caso que nos ocupa, lo justo es decir que comprobamos que sigue habiendo ciclistas, y muchos, que no respetan señalizaciones tan vitales como las lumínicas.

A la vez, el resto de conductores tampoco quedan libre de pecado. Nos es imposible recopilar la cantidad de veces que en nuestra prueba fuimos increpados por conductores (algo que, por cierto, también está prohibido) sin motivo aparente, más que el de circular por nuestro carril (máximo 30 km/h), o tratar de realizar un giro.
En teoría, la cuestión de la convivencia no debería haber cambiado demasiado. En la práctica, sí que hemos podido observar ciertas complicaciones, a tenor de que el número de bicicletas ha ido en aumento y estamos en un punto álgido en el que tanto conductores como ciclistas han de aplicarse por respetarse mutuamente, al menos mientras los ciclocarriles sigan brillando por su ausencia.

Esa es otra de las cuestiones que más podría ayudar para realizar la soñada integración de la bicicleta en la ciudad, siguiendo el ejemplo de otras urbes que han sido pioneras en esta asignatura. Hablamos de carriles bici autónomos y protegidos del resto de la circulación, como el que se ha inaugurado recientemente en la madrileña calle de Santa Engracia.

Está más que comprobado que soluciones así no solo ayudan a reducir la siniestralidad, sino que además incrementan el uso de la bicicleta en la ciudad, por dotar a los ciclistas de una infraestructura que les aporta la suficiente seguridad.

El factor mecánico

Otro punto más que polémico relacionado con los accidentes resulta del estado de las bicicletas eléctricas. Tras tres años de uso, y pese al esforzado mantenimiento, los modelos eléctricos coinciden en muchas dolencias mecánicas muy incómodas para los ciclistas.
Desde el propio servicio aconsejan como responsabilidad del usuario el asegurarse del estado de la bicicleta antes de desbloquearla para su uso. De hecho, la costumbre ha de ser como mínimo, tras un vistazo a su aspecto, comprobar la presión de los neumáticos, apretar las manetas de los frenos en buscar de cierta resistencia que indique su existencia y no desesperarnos tratando de hacer funcionar el cierre del sillín.
Claro que, la disponibilidad de bicicletas no siempre permite que el usuario elija, y además, no todas las posibles intrigas mecánicas de la bici eléctrica pueden averiguarse así. Tal es el caso del sistema de marchas de las bicicletas. Pudimos comprobar de primera mano cómo en una gran número de ocasiones la transmisión está averiada, produciéndose saltos de cadena, bloqueos en una sola marcha y salidas de cadena. No es necesario decir el consiguiente riesgo que supone esto para el equilibrio del ciclista, y más sabiendo que es una cuestión casi imposible de prever.
No podemos, ni es de recibo relacionar esa falta de cuidado mecánico al aumento de la siniestralidad, pero recopilando nuestra experiencia y la de otros usuarios sí que conviene sumarlo a la lista de tareas que la bicicleta púbica de Madrid ha de mejorar para que el número de ciclistas siga en aumento y su seguridad no decaiga.
Imágenes | BiciMad en Wikicommons

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