Ante un siniestro vial, presta auxilio, ayuda, pero no te vayas

Sé lo que hicisteis este último verano

Una noche de verano, cuando volvían de una fiesta en coche, dos parejas de jóvenes en estado de embriaguez atropellan a una persona que transitaba por una carretera desierta. Confundidos y asustados, deciden arrojar el cadáver al mar. Quieren evitar el castigo de la justicia eliminando todas las pistas pero la conciencia les ahoga, tanto, que sufren pesadillas que no terminan

Es el argumento de una película de cine que no es nueva pero la rescato del archivo de mis favoritas para reflexionar sobre la conducta de los jóvenes. Si les parece, les invito a ver primero la película sé lo que hicisteis el último verano, basada en la novela de mismo nombre por Lois Duncan y luego me comentan.

En cualquier caso, sirve el argumento para demostrar que las conductas, vamos a llamarle, erróneas pasan factura a quién las comete. Evadir una responsabilidad no es corregir un error sino más bien cometer un error aún más grave. Por eso, esconderse es de cobardes y admitir un error es de valientes. No te compliques la vida y asume tu responsabilidad.

Un cargo de conciencia para toda tu vida

Si vemos el comienzo o la presentación de la película, el argumento coincide con una conducta tipificada en nuestro vigente código penal. Precisamente coincide también por desgracia con la realidad. Muestra de ello es la noticia que leí hace unos días.

Artículo 195 del Código Penal

1. El que no socorriere a una persona que se halle desamparada y en peligro manifiesto y grave, cuando pudiere hacerlo sin riesgo propio ni de terceros, será castigado con la pena de multa de tres a doce meses.

2. En las mismas penas incurrirá el que, impedido de prestar socorro, no demande con urgencia auxilio ajeno.

3. Si la víctima lo fuere por accidente ocasionado fortuitamente por el que omitió el auxilio, la pena será de prisión de seis meses a 18 meses, y si el accidente se debiere a imprudencia, la de prisión de seis meses a cuatro años.

Proteger, avisar y socorrer

El hecho de no socorrer a un persona que necesita ayuda me parece una falta de humanidad. Puedo pensar que ante un accidente de tráfico por el efecto de ‘shock’ podemos bloquearnos y permanecer por un momento inmóviles, pero de ahí a marcharse del lugar sin más no se concibe de ninguna de las maneras. Tan simple como ponerse en el lugar de la víctima para entender realmente la importancia que tiene en estos casos la ayuda al prójimo.

Otra cuestión, no menos importante es la figura del testigo ocular de los hechos. Y nos puede pasar a cualquiera, vamos circulando tan tranquilos y de pronto delante de nuestras narices, presenciamos un accidente. Pues bien, no cuesta nada ofrecerse como testigos, simplemente con aportar el número de teléfono a los implicados o a la policía, si tenemos prisa, garantizamos una versión sobre lo sucedido muy valorada por las compañías de seguros por el principio de imparcialidad.

Siempre he pensado que detrás de un accidente con fuga, hay algo más. No es lógico ausentarse del lugar del accidente sin depurar las responsabilidades primero. A no ser, que el conductor que se marcha del lugar, además de ser responsable, no quiera que se descubra que conduce bajo los efectos del alcohol o drogas tóxicas, sin permiso de conducir adecuado o careciendo del mismo, sin seguro obligatorio del vehículo, etcétera.

Ante un siniestro vial, presta auxilio, ayuda, pero no te vayas: ¡Da la cara!

Vía | Europa Press
Foto | IMDb
Vídeo | SolarCoasterX
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