60ºC en el interior del coche: no dejes ni un minuto al niño dentro

Una situación a la que podemos exponernos, como padres y conductores, durante estos calurosos meses de verano es al riesgo de que tanto nosotros como nuestros hijos suframos un golpe de calor. Aunque tendemos “a pensar que este tipo de desgracias les suceden a otros, lo cierto es que nos pueden suceder a cualquiera”, pues en muchas ocasiones, ya sea por descuido o por intentar relativizar la gravedad del asunto, desatendemos a los niños en el coche y por mínimo que sea el tiempo, puede ser fatal. Aquí podrás informarte de las consecuencias de sufrir un golpe de calor y una serie de útiles consejos que pueden ayudarnos a prevenir estás situaciones con los más pequeños.

El interior del coche es un invernadero

No sólo julio y agosto son los meses de mayor riesgo, a pesar de que es en esta época veraniega cuando las posibilidades aumentan considerablemente, pero sufrir un golpe de calor sobre todo en los niños puede ocurrir cualquier día caluroso a lo largo del año, en función del tiempo y la temperatura a la que se pueden exponer. Un coche oscuro puede llegar a absorber cerca de un 20% más de calor que uno de color más claro, pues son estos últimos los que más fácilmente reflejan la luz, y por ende la energía calórica proveniente de las ondas electromagnéticas del sol, provocando que el calor sea expulsado. Esto debemos tenerlo en cuenta a la hora de adquirir un vehículo en el que tengamos intención de transportar a niños y recién nacidos durante largos trayectos en los que puedan pasar tiempo expuestos.

Por ejemplo, con una temperatura ambiente de 36ºC, el interior del coche puede llegar a alcanzar unos 64ºC en tan sólo 20 minutos. Si durante este periodo aumentase en 3ºC más la temperatura exterior en la calle, dentro del coche podría llegarse a los 70ºC, pudiendo llegar incluso a un aumento de más de 20ºC en algo menos de media hora. En dos horas y media, la temperatura dentro del vehículo es un 88% más alta que en el exterior. Estos datos son alarmantes por lo tanto la pregunta es clara: ¿vas a dejar al niño dentro?

Hipertermia, peor en los más pequeños

La hipertermia supone un aumento de la temperatura corporal por encima de la fiebre (37,5ºC) que puede ser provocada por estrés, agotamiento, calambres musculares e insolación o golpe de calor, en este caso cuando supera los 40ºC.  En la hipertermia algunos órganos dejan de funcionar de forma habitual por el sobrecalentamiento extremo del cuerpo provocando diferentes síntomas. En los casos de insolación, la cabeza recibe un excesivo calor del sol provocando en el individuo síntomas como las náuseas, vómitos, cefalea, calor de la piel, sopor y alteración de las fibras musculares expuestas, llegando incluso a provocar convulsiones. Físicamente se aprecia aumento de sudoración y fiebre, sed intensa, decaimiento y alteración del estado de conciencia normal, malestar y dolor de cabeza, mareos, irritabilidad y en los casos más extremos, coma y muerte en menos de una hora.

En cuanto a los niños, podemos asegurar que corren el riesgo de sufrir un golpe de calor más fácilmente, pues sus sistemas corporales regula la temperatura de manera menos eficaz que un adulto, ya que los pequeños tienen mayor superficie corporal que provoca mayor absorción de calor, más agua en el cuerpo y, sobre todo, pues dependen de un adulto para hidratarse. Cuando su temperatura corporal supera los 40ºC y su cuerpo no es capaz de reducirla, sufren un golpe de calor, algo que en el interior de un coche aparcado al sol y cerrado puede ser una verdadera fatalidad.

Prevención y qué hacer en caso de sufrirlo

Un coche aparcado a pleno sol en el mes de agosto, como hemos visto, es una caldera hirviendo, por lo que abrir un poco las ventanas no es suficiente pues tan sólo puede llegar a reducir un máximo de 10ºC, lo cual desde luego no será un cambio demasiado notable a tan altas temperaturas. Es por ello que debemos extremar la vigilancia de los más pequeños, sobre todo de los menores de un año o aquellos niños que sufran enfermedades crónicas. La hidratación debe ser constante, ya que un niño no es capaz de discernir si está sufriendo deshidratación y puede no pedir o querer beber agua, pero debemos intentar que lo hagan a menudo. Desde luego, la ropa holgada, ligera y transpirable de colores claros van a ayudar a mantenerle fresco, junto al uso de una gorra o protección de la cabeza que es la zona más expuesta al calor del sol.

Nunca debe dejarse al niño sólo en coche tras estacionar, por mínimo que sea el tiempo de parada, y si estás en un trayecto largo es preferible que no esté expuesto durante largos periodos de tiempo, buscando el asiento que se encuentre más a la sombre, protegiendo los cristales con objetos o telas que impidan la entrada del sol directamente. Por ello es importante recordar la regla de las AAA:

  • Anticípate: y no dejes ni un minuto el coche cerrado con el niño dentro, vigila su estado en todo momento y proporciónale hidratación.
  • Acostúmbrate: a utilizar hábitos y costumbres antes de iniciar o finalizar la marcha, protege el interior de los cristales con objetos que impidan la radiación directa
  • Actúa: si tu hijo o divisas el caso de alguien que sufra un golpe de calor llama al 112 a menos tardar.

¿Qué hacer en caso de golpe de calor? Mientras llegan los servicios de urgencias, lleva al niño a la sombra en posición reclinada, enfría su piel con paños de agua fresca (no demasiado fría) y dale aire con un abanico o ventilador para bajar su temperatura corporal. Cuando empiece a recuperar el estado normal proporciónale pequeños traguitos de agua poco a poco que le ayuden a rehidratarse hasta que se encuentre mejor.

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Imágenes | Nadezhda1906