Artículos etiquetados como Psicologia y conduccion

La toma de decisiones en el coche, sin dudas (1)

Toma de decisiones dentro del coche

Mi amigo Enrique trabaja en una tienda de ropa y me cuenta que en estas fiestas apenas ha visto compras por impulso, que a la hora de decidirse la gente se lo ha pensado un poco más por lo general y que han estructurado sus compras de manera diferente a lo que solían hacer antes de la crisis: ahora van primero a la tienda a preguntar, luego se pierden durante unos días, comparan, se lo piensan… y finalmente vuelven a la tienda para hacer efectiva la compra.

Es normal. Antes de tomar una decisión sopesamos pros y contras, calibramos las consecuencias de nuestros actos. Y cuanto más engorrosos son los condicionantes, económicos en el caso de los clientes de Enrique, o cuanto mayor es el riesgo que corremos al decidir, mayor tiempo nos damos para no equivocarnos.

Lógico, ¿verdad? Bien, pues en materia de circulación, cuando vamos dentro del coche, y cuando el riesgo de una decisión mal tomada es vital, esto no funciona exactamente así. Puede parecer paradójico, pero dentro de un coche la toma de decisiones no funciona exactamente sopesando pros y contras porque no puede ser así.

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La educación emocional, clave para la seguridad vial

Educación vial

Poner nuestras emociones al servicio de nuestra inteligencia, y no nuestra inteligencia al servicio de nuestras emociones. Esa es la idea en la que se fundamenta la capacidad de reconocer y gestionar las emociones, eso que llamamos inteligencia emocional. La inteligencia emocional no la descubrió Daniel Goleman, pero desde que este psicólogo publicara en 1995 su best-seller sobre la materia, no hay master empresarial ni curso de formación continuada en el que no se eche un ojo a la necesidad de gestionar las emociones para mejorar la vida del trabajador y garantizar el éxito de la empresa.

«Una empresa es un ser vivo», «un líder tiene que saber escuchar», «tú ganas, yo gano», «las relaciones personales son primordiales para el éxito». Sí, la inteligencia emocional es hoy por hoy un valor, y se propone como modelo para la toma de decisiones, y no sólo en el ámbito de los negocios. De hecho, si tomamos como punto de partida el factor humano como responsable de lo que ocurre a bordo de un vehículo, comprenderemos la importancia de la inteligencia emocional en la seguridad vial, y por eso podemos afirmar que la educación emocional resulta básica para la educación vial.

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¿Qué nos pone nerviosos al conducir?

Caravanas, símbolo de la ansiedad al volante

Durante estos días han dado la vuelta al mundo mediático las conclusiones de un estudio realizado conjuntamente por Attitudes y la UAB, a partir de las cuales se han elaborado dos titulares:

El 22 por 100 de los conductores españoles sufren ansiedad al conducir

El 51% de los conductores, casi 13 millones, preferiría no coger el coche

Todo esto nos remite a algo que hemos tratado ya en alguna ocasión: la amaxofobia como trastorno que hace que hasta un 4% de los conductores de nuestro país dejen el vehículo de lado porque sienten miedo a conducir. Sin llegar a esos extremos, sin embargo, uno de cada cinco vehículos está conducido por alguien que experimenta ansiedad cuando está al volante, lo que sin duda se trata de un problema grave para la seguridad vial de todos.

Abundando en los resultados del estudio, sabemos que sufren más las mujeres que los hombres, y que cuanto mayor es la experiencia al volante menor es el temor a la circulación. Pero, ¿cuáles son las causas de este problema tan común? ¿Qué nos pone nerviosos al conducir?

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La amaxofobia se intensifica con la crisis

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La amaxofobia se podría resumir como el miedo a condicir. Un síndrome que afecta a un tercio de los conductores. Una cifra bastante elevada y por lo que no debería pasar desapercibida. Para sufrir amaxofobia no es necesario haber sufrido un accidente como se podría pensar ya que en muchos casos las personas que lo sufren no se han visto involucrado en ninguno.

Las situaciones personales o laborales causan un estrés que desemboca en las crísis de ansiedad que sufren las víctimas de esta enfermedad. La sensación de miedo que sufren los conductores desemboca en un bloqueo de la capacidad de respuesta, convirtiendo el acto de conducir en un potencial riesgo personal y para el resto de usuarios de la vía. Algo que a veces también se ha relacionado con conductores noveles que comienzan a ponerse al volante. Leer más…

Supervivientes, o el canto del cisne que desafina

Cisne

Me encuentro por la calle con alguien que fue alumno mío y, tras saludarnos, su primera frase es: «¡Eh, eh, que todavía no he tenido ni un accidente!»

La frase sale de los labios de mi ex alumno en forma de reconocimiento hacia mi labor como docente, por un lado, y sobre todo en forma de reconocimiento hacia su propia manera de hacer las cosas. Es un alegre canto del cisne que deja atrás al patito feo que se amedrentaba cuando el resto de conductores lo asediaban, pero cuando llega a mis oídos ese canto se transforma en una peligrosa arma de doble filo.

¿Qué quiere decir que «todavía» no ha tenido «ni un accidente»?

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Estrés postraumático, la cara oculta del accidente

Chica absorta

Son algo más de las cinco de la tarde. Una abuela recoge a su nieta a la puerta del colegio. Mientras la mujer habla con su vecina, la niña se suelta de la mano, cruza la calle sin mirar y acaba atropellada por un conductor experimentado que circula correctamente. Un peatón que aguarda en la otra acera contempla la escena con total impotencia. Desgraciadamente, la niña muere pocos días después.

Ninguno de estos tres implicados ha sufrido daños físicos. Sin embargo, sus vidas van a cambiar, cada una de una forma y en un grado diferentes, ya que cada uno de ellos ha experimentado una vivencia distinta dentro del mismo suceso. Estos tres implicados tienen una elevada probabilidad de sufrir un trastorno por estrés postraumático.

Esta historia está basada en un caso real.

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La resistencia al cambio, mala compañera de viaje

El cambio, motor de seguridad vial

Cuando hablamos de posibles maneras de reducir la siniestralidad vial suele aparecer un argumento que se esgrime en forma de eslogan: Menos multar y más educar. Y así es frecuente que acabemos hablando de cómo tener una cierta educación en torno al problema de la carretera repercute más o menos en la mejora de la seguridad vial.

Pero entonces topamos con una pega. En la mayor parte de los casos, la mejora de la seguridad vial no viene dada exactamente por la educación de los conductores, sino por su reeducación. Y una cosa no es, ni por asomo, lo mismo que la otra.

De forma intuitiva cualquiera dirá que un conductor con muchos años de experiencia difícilmente cambiará su modo de conducir por mucho que se lo digan la DGT, los medios de comunicación y un agente de la Guardia Civil. Y no es que el conductor haya olvidado lo que significan las señales o haya perdido la capacidad de reaccionar ante ellas. Es que, sencillamente, le cuesta cambiar su forma de actuar. Se ha convencido de que le va mejor haciendo de su capa un sayo y no comprende cómo cambiar de actitud le puede reportar un beneficio.

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La fuerza de la costumbre al conducir de memoria

Entrada prohibida en un tramo con circulación modificada por obras

La foto que ilustra este post no es un montaje de esos que circulan de correo en correo, sino que se corresponde con una calle de verdad que lleva ya unas semanas con el sentido de la circulación cambiado. Tres señales, casi nada, prohíben entrar por esa calle a los conductores que las ven de cara. Una de las placas, para más inri y para que se vea bien, está fijada sobre una valla amarilla. La explicación es simple: los del ayuntamiento han cambiado ahí el sentido de la circulación porque la calle paralela está cortada por obras y de esta forma se canaliza el tráfico de manera provisional mientras duren las actuaciones sobre aquella vía.

He perdido la cuenta de las veces que he visto en estas últimas semanas entrar coches a toda castaña por esa calle, frenar en seco ante otro vehículo que venía de cara y acabar reculando de la mejor menos mala manera posible para salir del atolladero. Cualquiera que viera la escena atribuiría esa manera de operar a lo que llamamos la fuerza de la costumbre, algo que puesto en el entorno de la circulación puede resultar enemigo de la seguridad vial.

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Conócete y empezarás el camino de circular seguro

Me, myself & I, but I repeat myself

Cuando hablamos de la necesidad de combinar en nuestra conducción la seguridad con una cierta agilidad en nuestros desplazamientos, no basta con saber qué hacer en cada caso. Tampoco es suficiente saber cómo hacer las cosas en cada situación. Además de todo eso hace falta tener la voluntad de hacer esas cosas. Es pocas palabras, hace falta que un conductor tenga una actitud favorable a la conducción ágil y segura para que su conducción sea realmente ágil y segura.

Esa actitud se esboza con la ayuda de una serie de parámetros o competencias que todo conductor ágil y seguro debería cumplir. Por eso, uno de los primeros pasos para convertirse en un conductor ágil y seguro está en conocerse a uno mismo, saber cuáles son sus competencias como conductor y en qué medida esas competencias se corresponden con el perfil de un conductor ágil y seguro.

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La amaxofobia tiene cura

Amaxofobia. Miedo a la conduccion

La primera vez yo también dije: «¿amax… qué?». Ahora sé que «amaxofobia» es un término compuesto por amaxos, que significa «carruaje», y fobia, que todo el mundo sabe lo que quiere decir. Quienes padecen amaxofobia sienten miedo irracional a conducir.

Un amaxofóbico cuenta su experiencia así: «me saqué el carné hace años, pero apenas conduzco. La idea de ir a según dónde me da pánico. Es superior a mí. A veces saldría corriendo del coche, y siento que la cosa es cada vez peor». Eso es la amaxofobia.

La sufren casi un tercio de los conductores, muchas más mujeres que hombres, y suele confundirse con una especie de inseguridad que se quita con la práctica de la conducción. Pero no siempre es así: la amaxofobia requiere algo más de atención.

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