Si no cuidamos los neumáticos y su mantenimiento, una situación inocente se puede convertir en muy delicada

Esteban Viso

18 marzo, 2013

La pasada semana pude estar en Madrid en un evento de Michelin muy interesante. De hecho, no por mucho saber sobre neumáticos, deja uno de sorprenderse sobre el cambio de rendimiento y prestaciones que notas cuando algo va mal con las gomas. En ese evento pudimos, entre otras cosas, probar cómo se comporta un coche con neumáticos en mal estado en tres situaciones comunes en la carretera: esquivar un obstáculo, tomar una curva a una determinada velocidad, y frenar con decisión ante algún potencial peligro.

Además pudimos ver en vivo y en directo a los campeones de España de rallyes de los últimos 25 años, y fuimos como copilotos a bordo de coches de alta cilindrada para comprobar cómo los neumáticos permiten aprovechar la pista con seguridad, pero a toda velocidad. Ese es otro tema, porque nosotros en la carretera no vamos a exigir rendimiento a altas velocidades, sino seguridad, confort, bajo consumo y durabilidad entre otras cosas.

¿Situaciones comunes o no comunes?

Frenada de emergencia
Antes de nada, comento la jugada. Las pruebas eran tres, como he dicho, y se realizaban primero con un coche con los neumáticos traseros gastados (1.7 mm de profundidad en el dibujo), para después hacer lo propio con neumáticos nuevos. Los coches, sendos Suzuki Swift con el control de estabilidad desactivado. Las pruebas consistían en:

  • una esquiva aleatoria sobre suelo húmedo (esquiva a 60 km/h);
  • tomar una curva cerrada a velocidad constante (60 km/h);
  • frenada de emergencia sobre suelo mojado.

¿Son estas situaciones que nos podemos encontrar en nuestro día a día, o son situaciones excepcionales? Pensamos que son excepcionales, pero en realidad son situaciones que habituales, sino en nosotros mismos, sí que lo son a nivel de toda la sociedad, de todos los conductores. Tiene que ser raro el día en que, en toda España, no se produzca una frenada de emergencia, una esquiva o pasar a X velocidad por una curva con suelo en condiciones deslizantes.

Esquiva
Una esquiva aleatoria, para ponernos en situación, es lo mismo que hacemos cuando circulamos por la ciudad y se nos cruza un niño, un ciclista, un peatón… o por el “campo” cuando se nos cruza un gato, un ciervo… Simplemente vamos a velocidad más o menos constante, pegamos un volantazo… y a ver qué pasa. En la experiencia que pudimos protagonizar no era esquiva aleatoria ya que se trataba de un cono a evitar, y por eso las dos primeras veces no me salió lo redondo que debería: si sabes dónde está el obstáculo no lo esquivas, lo evitas. Y es diferente.

Imaginad un Suzuki Swift, sin control de estabilidad activo, a 60 km/h, y pegando un contundente volantazo a la izquierda “y nada más”. Bueno, sí: había que detener el coche entre una serie de conos azules. Con neumáticos gastados, la cosa era bastante peliaguda porque el control de estabilidad no nos ayudaba a combatir la pérdida de adherencia trasera ante un cambio de dirección tan brusco. Con los neumáticos nuevos, el efecto era como si pasásemos de probar sin control de estabilidad, a tenerlo activado (pero realmente seguía desactivado). Es decir, la mejora era muy sustancial.

Esquiva
Para la prueba de la curva, simplemente debíamos afrontar una idem relativamente cerrada a 60 km/h. Al llegar a cierto cono, debíamos levantar el pie del acelerador y tomar la curva (sin hacer nada más). Como supondréis, levantar el pie del acelerador descarga de peso la parte trasera, lo cual significa que hay menos agarre. El coche con los neumáticos gastados era… ingobernable. Bueno, sí, es gobernable porque se puede salvar el trompo de varias formas, pero para la experiencia de “no toques nada, ni hagas nada”, se nota cómo la trasera trata de adelantar al morro, y terminas “dado la vuelta”, con olor a goma quemada y el motor calado.

Con ruedas nuevas, la verdad es que no hice más que girar, soltar el acelerador de golpe y… seguir trazando la curva. No toqué ningún cono, no noté extraños en la parte trasera, no pasó nada. Y no calé tampoco, porque estaba todo tan controlado que era como si no hubiésemos pasado por una situación que podría ser comprometida. En la prueba de frenado, comentar que lo que hicimos fue comprobar la diferencia en metros de la distancia de frenado. Interesante, pero no tan efectista como las otras dos pruebas.

Creo que esa es la lección de todo lo que experimentamos: una situación que con neumáticos nuevos y en perfecto estado de mantenimiento es un mero trámite, se puede convertir en una situación muy delicada si no tenemos en correcto estado esos cuatro trozos de caucho. Eso es lo que me gustaría transmitiros hoy, y a falta de experiencia para todos, espero que os haya servido mi relato. No es nada del otro mundo mantener en correcto estado los neumáticos. Es algo muy sencillo de realizar que nos puede sacar de muchos apuros.

Fotos | Pablo Ibáñez

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