Señalización vial en países hispanohablantes: ¿hablamos el mismo idioma? 

Redacción Circula Seguro

22 junio, 2021

Los 21 países hispanohablantes del mundo -a saber, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay, Venezuela, España y Guinea Ecuatorial- comparten idioma, no así el mismo código de señalización viaria.

En el caso de España, compartimos el diseño de nuestras señales de tráfico con otros 65 países de Europa, Asia y África que en 1968 asumieron los dictados de la Convención de Viena sobre Señalización Vial. Este encuentro -la tercera de otras importantes reuniones internacionales-, fue promovido por la ONU con el objetivo de seguir mejorando las medidas de seguridad en la carretera y tratar de estandarizar normas y símbolos.

¿Símbolos o palabras?

De estas reuniones surgieron, por ejemplo, los diseños de las principales señales de tráfico: forma de triángulo para peligro, círculo para prohibición, octógono para la señal de stop, triángulo invertido para ceder el paso, etc… Además, esta Convención determinó que las señales deben basarse en el empleo de símbolos por encima de la palabra escrita. Esta normativa se modificó ligeramente en 1995 y en 2006, sobre todo para introducir elementos como la bicicleta en este tipo de señalización universal.

Modelo estadounidense

Pero no todos los países siguen los parámetros de la Convención de Viena respecto a la señalización del tráfico. El modelo estadounidense, por ejemplo, tiene sus raíces en el “Manual sobre Sistemas Uniformes de Control de Tráfico” que data de 1935 y que, tras sucesivas actualizaciones, es la base sobre la que se asienta el actual código estadounidense. Aunque varias de sus señales coinciden con las empleadas en las carreteras europeas, en este caso se utilizan muchas más palabras escritas en las señales, al igual que ocurre en otros países anglosajones como Australia o Nueva Zelanda.

América Latina

Más allá del modelo de la Convención de Viena y del que emplean Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, existen también otras fórmulas. Es el caso de muchos países de América Latina y Centroamérica que, a raíz del Congreso Panamericano de Carreteras (COPACA) -celebrado en Río de Janeiro en 1929-, decidieron llevar a cabo “un estudio de los sistemas de señales viales de prevención y dirección para elaborar un proyecto de código uniforme internacional”. Este fue el germen del Manual Interamericano de Dispositivos para el Control del Tránsito en Calles y Carreteras (MIDCTCC).

Adiós a un solo manual

Tras varias revisiones de este modelo, -que pretendía unificar el modelo europeo que primaba los iconos- y el modelo americano, -que otorgaba más importancia al texto sobre la imagen-, en 1995 se pusieron de manifiesto algunas dificultades para usar un solo manual. Un grupo de países, entre ellos Argentina, Brasil, El Salvador, Honduras, México, Uruguay y Venezuela, indicaron que era indispensable actualizar los contenidos del referido manual para ajustarlos a las nuevas circunstancias del tráfico. Esta es la razón que explica que varios de los países que diseñaron el MIDCTCC optaran por realizar sus propios manuales, adaptándolos a la realidad particular de cada país y a la dinámica propia de sus ciudades, así como a la normativa nacional que regula el tráfico.

Conflictos de comprensión

Lo cierto es que en la adaptación de este manual algunos países tendieron más hacia el estilo europeo y otros hacia el americano, lo que se traduce en grandes diferencias entre países que comparten frontera, como por ejemplo Chile y Perú. Mientras en Perú las señales reglamentarias son en fondo blanco con círculo de color rojo, en Chile, además de éstas, tienen algunas en fondo azul con símbolo blanco, las cuales en Perú están reservadas para la señalización informativa. Otro serio problema radica en el hecho de que las autoridades estatales o municipales de tráfico se apartan con frecuencia del sistema oficial, cambiando las formas, los signos, los colores, los puntos de ubicación obligatorios, e incluso llegan a inventar señales, lo que causa toda clase de conflictos de comprensión que, además, pueden derivar en siniestros.

Tipografía, iconos, formas y colores de las señales de tráfico están aún lejos de una homogeneización de carácter internacional. Quizá el papel que pueda jugar la tecnología en las nuevas formas de señalización pueda unificar lo que más de un siglo de reuniones, conferencias, manuales y convenciones no han podido.

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