Por el bien de todos, recuperemos la señal de stop

Josep Camós

7 mayo, 2008

La señal de stop tiene otro nombre, menos sonoro pero mucho más descriptivo. Se llama «detención obligatoria». Eso significa que, cuando un conductor llega con su vehículo a un cruce regulado con una señal o marca de stop, debe detenerse completamente, mirar si viene alguien por alguno de los dos sentidos de la calle que cruza y en caso negativo pasar.

¿Cuál es el comportamiento habitual de buena parte de los conductores? Llegar hasta la señal o la marca de stop y, sobre la marcha, mirar a ojo de buen cubero si viene alguien y pasar. O pasar y luego mirar. O pasar sin mirar. Total, ya se parará el que venga por la calle que cruza, que yo tengo prisa.

Es lo que ocurre cuando el seguimiento de una norma se relaja. Se comienza haciendo un stop «de los de verdad», dejando el vehículo totalmente quieto antes de la marca vial o antes del cruce si desde la marca no hay suficiente visibilidad. Tiempo después, el conductor comienza a olvidar eso de dejar el vehículo totalmente quieto, y pasa de largo como si el stop fuera un ceda el paso, eso sí, echándole un ojo a la otra calle. Luego, deja de explorar los dos lados de la calle que cruza. Al final, ni siquiera mira más allá de sus narices. ¿Para qué?

Hay quien acude al texto legal para enarbolar la bandera del libre albedrío. Claro, porque según la Ley resulta que respetar la prioridad del otro simplemente significa no obligarlo ni a modificar su velocidad ni a desviarse de su trayectoria. Ahí viene cuando más de uno se echa al monte, aguza la mirada y dice: «bueno, me da tiempo». Ese es el primer paso para ponerse en una tonta situación de riesgo. Es imposible – repito: imposible – medir la velocidad de un vehículo que se acerca. Como mucho, se puede calcular grosso modo, pero en ocasiones la jugada nos puede salir mal, bien porque calculemos de forma incorrecta, bien porque al conductor del otro vehículo le dé por acelerar, que está en su derecho.

¿Significa eso que no debemos pasar un stop si viene un coche a 400 Km de distancia? Hombre, tampoco es eso. Siempre que circulamos debemos ser capaces de encontrar el equilibrio entre la conducción más segura (la que nos evita las situaciones de riesgo) y la conducción más eficaz (la que nos permite llegar a nuestro destino en un breve plazo de tiempo). Por eso dice la Ley lo que dice sobre el respeto de la prioridad del otro. Para que queden claros casos como este.

Cuando comenzamos a derivar lo que dice la Ley para acomodarla a nuestros intereses particulares, rápidamente acabamos dándole la vuelta a la tortilla. De hecho, en ocasiones llega a darse la situación absurda de que cuando uno se detiene completamente en un stop, sus compañeros de viaje se lo comen a pitidos e insultos desde sus respectivos coches. Mientras, el conductor del vehículo que viene por la calle prioritaria te hace desesperados ademanes para que pases y pone cara de no comprender tu extraña actitud.

Es el mundo al revés.

Tendría su gracia si no fuera porque, cuando tenemos una norma es simplemente para que todos estemos de acuerdo en una forma de proceder. Veo una señal de stop y sé que debo detenerme. El conductor que circula con prioridad por la calle que cruza sabe que me voy a detener. Punto pelota. Si por el motivo que sea decidimos entre todos que el que tiene la señal de stop debe pasar y el otro debe aguantar mecha, no hay mayor problema. Pero entonces reformemos la Ley para que todos lo veamos de la misma manera, no vaya a ser que quede por ahí algún insensato que entienda que «stop», en inglés, significa «parar». Y luego, expliquémosle a todos los conductores, también a los extranjeros, que le hemos dado la vuelta a la Ley porque así nos parecía más molona.

Si optamos por mantener el sentido de la señal de stop, siempre podemos pensar que el hecho de detenernos no nos va a restar demasiados segundos de nuestra vida, estaremos haciendo lo que es correcto y además nos evitaremos la posibilidad de tener algún que otro disgusto. Aunque no venga ni Dios por la otra calle. Precisamente porque en el mundo de la circulación, una sorpresa inesperada casi nunca tiene que ver con un regalito envuelto con un lazo y sí mucho que ver con un siniestro.

Imagen | Fotografia Barcelona

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