Sergio Marcus

9 diciembre, 2007

Hace exactamente una semana entró en vigor la limitación de velocidad a 80 km/h en la primera corona de Barcelona. Cuando parecía que el debate debería estar centrado en la adaptación de los límites de velocidad a la realidad actual de nuestras carreteras, preguntándonos en voz alta si nuestras autopistas no eran lo suficientemente seguras como para aumentar los límites a los 140 km/h, como sucede sin ir más lejos en nuestro país vecino de Francia, la medida ha venido a imponer todo lo contrario. Con la excusa de limitar las emisiones de CO2, el Servei Català del Trànsit se ha inventado esta nueva forma de recaudar fondos en nombre del Medio Ambiente.

No fueron suficientes una buena cantidad de informes que dictaminaban que la medida no parecía adecuada. Se hizo oídos sordos a entidades de reconocido prestigio como el propio RACC o el Colegio de Ingenieros. No estaban muy por la labor de tirar para atrás este plan que a buen seguro reportará una buena cantidad de euros a las arcas del SCT. Todavía no se ha empezado a multar, pero en esta semana de pruebas, hay gente que ya se está frotando las manos pensando en la cantidad de multas que van a poner a partir del 1 de enero.

Los conductores reducen algo la velocidad de sus vehículos al circular por los 16 municipios de esa primera corona, pero todavía se circula a una velocidad excesiva, superando ampliamente esos 80 km/h en algunos tramos de la red viaria. Y es que circular por una autopista o autovía de 3 carriles a 80 km/h, se hace a menudo muy extraño. Yo iría más lejos: no tiene ningún sentido. Es una medida recaudatoria. No entran factores de seguridad en absoluto, y, por mucho que nos lo quieran vender, el Medio Ambiente tampoco es la causa de la medida.

No voy a desvelar ningún secreto si digo que hablar de emisión de CO2 es hablar de consumo de combustible. El CO2 es uno de los productos de la reacción de combustión de la gasolina o el gasoil, y a más combustible se queme, más CO2 se genera. Y también es conocido que, en principio, una velocidad inferior no implica necesariamente un consumo de combustible inferior. ¿Por qué no se hacen campañas que enseñen a los conductores a conducir de una manera más respetuosa con el Medio Ambiente, usando marchas largas, no subiendo demasiado el motor de vueltas, etc? No se hace porque lo que interesa no es el Medio Ambiente. Es recaudar fondos.

Además, esta medida puede hacer aumentar los atascos en las salidas de Barcelona, situación en la que es evidente que las emisiones se disparan a valores muy superiores a los habituales. El simple hecho de arrancar y parar el coche constantemente, usando marchas cortas, puede suponer un aumento de cerca del 60% en las emisiones. Así pues, si el resto del país ha rechazado esta medida, si organizaciones de reconocido prestigio, como el RACC, han publicado en toda la prensa que se oponen a la medida por no ser coherente, ¿por qué se ha implantado en Barcelona?

Fotomontaje | Plataforma Ciudadana

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