Movilidad y vulnerabilidad

Redacción Circula Seguro

7 junio, 2021

En el ámbito de la seguridad vial se habla de colectivos vulnerables cuando se hace referencia a los grupos de población que, por el medio de desplazamiento que usan, así como por su edad o características al que pertenecen, tienen un mayor riesgo de sufrir lesiones en caso de un incidente de tráfico.

Hacer visibles a los más frágiles

Bajo este criterio se identifican peatones -particularmente niños, personas mayores y personas con movilidad reducida-, ciclistas, y motoristas. ¿Por qué es importante darles una mayor visibilidad dentro de las normas de circulación? La movilidad está cambiando, especialmente en el ámbito urbano. De hecho, la movilidad sostenible se caracteriza por una mayor incorporación al tráfico de “usuarios vulnerables”. Se trata de un nuevo escenario que ha de traducirse en una revisión de los códigos de circulación para preservar la seguridad de los más frágiles. Si el eje tradicional sobre el que giraban las normas de tráfico eran la vía y el vehículo (especialmente turismos), la movilidad sostenible desplaza el foco hacia el concepto persona/entorno.

Características de los vulnerables

¿Qué características tienen los colectivos vulnerables en el ámbito de la circulación?

Niños: su baja estatura y sus reacciones, a menudo imprevisibles, –sobre todo cuando se desplazan en grupo– influyen de forma decisiva en su seguridad. El campo visual de un niño cuando se desplaza por la calle es muy inferior al de un adulto, de manera que tiene un riesgo mayor de sufrir un atropello. Tanto los niños como los conductores tienen que ser conscientes de este hecho para circular con más prudencia, sobre todo en las intersecciones, zonas escolares y pasos de peatones. El nivel de audición tampoco está completamente desarrollado por lo que su percepción del espacio público y de los vehículos que circulan es distinta a la de los adultos. En este grupo, la edad en la que los niños presentan un mayor riesgo de sufrir algún siniestro vial es entre los 5 y los 10 años.

Personas mayores: el número de personas en edad avanzada aumenta cada año a causa del envejecimiento de la población. La progresiva mayor esperanza de vida hace que este colectivo esté cada vez más presente en la circulación. Si en el caso de los niños la vulnerabilidad va asociada a una falta de madurez en sus percepciones sensoriales, en este caso hablamos de un deterioro de sus capacidades: movimientos más lentos, limitaciones visuales y auditivas, y sus reacciones igualmente poco previsibles. El tramo de edad en el que el riesgo aumenta se suele observar en las personas de más de 65 años y, sobre todo, a partir de los 70 años.

Personas con movilidad reducida: se ven especialmente afectados por su baja altura cuando se desplazan en silla de ruedas y por sus movimientos más lentos. Numerosas personas con movilidad reducida son, además, personas mayores, lo que las convierte en un subgrupo con un grado de vulnerabilidad todavía mayor. El diseño de los espacios públicos debe tener en cuenta sus especiales condiciones, ya que el riesgo se incrementa con la presencia de elementos de mobiliario o jardinería urbana que pueden reducir la visibilidad y la capacidad de reacción de los conductores frente a estas personas.

Ciclistas: en los últimos años la bicicleta ha ganado peso, tanto en el entorno urbano como en las vías interurbanas. De ahí que su encaje en el espacio que comparte con peatones y conductores de vehículos sea un debate de plena actualidad. Además, como gran protagonista de la movilidad alternativa y sostenible, la bicicleta ha propiciado la creación de itinerarios y carriles especiales para fomentar un uso más cómodo y seguro de este medio de transporte. No obstante, cuando los espacios han de ser compartidos con peatones y conductores de otros vehículos aún surgen muchas situaciones de riesgo que hay que tomar en consideración.

Motoristas: al igual que cuando se circula en bicicleta, el cuerpo está totalmente expuesto al peligro, y ante una caída es el cuerpo el que recibe —y para—el golpe. A esto se suma el efecto de la velocidad de circulación, mucho más elevada que la de los ciclistas. El riesgo de morir en un siniestro de tráfico es 17 veces mayor en moto que en coche.

Cambio de paradigma mundial

Este cambio de paradigma a la hora de dotar de mayor protagonismo a estos colectivos es una cuestión global. De hecho, Naciones Unidas integra la seguridad vial en su Agenda 2030 para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en concreto en el de “ciudades y comunidades sostenibles”, para, como dice la propia ONU, “proporcionar acceso a sistemas de transporte seguros, asequibles, accesibles y sostenibles para todos y mejorar la seguridad vial, en particular mediante la ampliación del transporte público, prestando especial atención a las necesidades de las personas en situación de vulnerabilidad, las mujeres, los niños, las personas con discapacidad y las personas de edad”.

Este organismo ha recomendado la limitación de la velocidad urbana a 30 km/h en la Declaración de Estocolmo de febrero de 2020, emanada de la Tercera Conferencia Mundial de Seguridad Vial, y en la resolución que la Asamblea General aprobó el 31 de agosto de ese mismo año. La ONU propone la reducción de la velocidad genérica como una medida de equilibrio entre la seguridad y la movilidad en vías urbanas y con efecto directo en la reducción de los siniestros en los que hay involucradas personas vulnerables.

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