¿Por qué cuesta menos mantener un coche eléctrico que uno convencional?

Jaime Ramos

21 abril, 2021

Si hablamos de ventajas económicas de los coches cien por cien eléctricos, la primera que se suele considerar es el gran ahorro en combustible. Sin embargo, esta no es la única partida a tener en cuenta. Dada la naturaleza de su mecánica, en el mantenimiento de un coche eléctrico reside uno de sus puntos fuertes.

Las dudas en torno a los coches eléctricos continúan siendo comunes entre los conductores que se plantean comprar un modelo de estas características. Si las mejoras en su recorrido eléctrico y autonomía cada vez invitan a unirse a más conductores a este tipo de movilidad, algo más compleja resulta la cuestión del coste.

Y es que el precio de los coches eléctricos, aunque mantiene una clara tendencia a la baja, sigue siendo muy superior al de sus equivalentes térmicos. ¿Significa esto que un coche eléctrico, al final de su vida útil, es más caro? No tiene por qué. Depende de una serie de factores tasados, referidos al coste total de propiedad o TCO.

En función de nuestras necesidades de movilidad, un modelo totalmente eléctrico puede triunfar con amplia ventaja sobre un térmico en cuestión de ahorro. Una de las ventajas en la que más inciden sus defensores es la del mantenimiento de un coche eléctrico.

Keep it simple, electric

chasis coche eléctrico

El ahorro en el mantenimiento de un coche eléctrico parte del hecho de que los modelos cien por cien eléctricos montan una mecánica mucho más sencilla que cualquier modelo térmico.

Los coches de combustión llevan décadas mejorando una tecnología que, de base, tiene un techo muy definido. Los expertos calculan que los motores de combustión interna poseen una eficiencia global del 25%, mientras que en el coche eléctrico ese mismo factor se mueve en torno al 75%.

¿Qué es lo que quiere decir esta cifra? Indica que, de la energía que atesora el combustible, solo se aprovecha un cuarto de la misma al conducir. Los tres cuartos restantes se pierden por la propia naturaleza termodinámica de las motorizaciones térmicas, los rozamientos internos, etcétera.

Las innumerables piezas que componen la meritoria tecnología de combustión y todos los sistemas asociados se topan con los límites de la física. Por el contrario, la mecánica eléctrica posee un punto de partida más ventajoso. Según datos del grupo PSA, sus modelos de combustión montan unas 30.000 piezas, mientras que sus vehículos totalmente eléctricos reducen esa cifra en un 60%.

¿Cómo es el mantenimiento de un coche eléctrico?

No se trata solo una cuestión de número y de existencia de piezas. En términos de mantenimiento, cuenta el tipo de uso que se le da a los componentes de la motorización.

El número de piezas sujetas a la tracción y al movimiento en un modelo térmico también es muy superior. Por su parte, entre los elementos comunes que encontramos en el corazón de las motorizaciones eléctricas (eje, rotor, bobinado, cojinetes, escobillas, etcétera), pocos reciben el desgaste asociado al movimiento. Tan solo el rotor lo hace, canalizando la energía recibida. De igual forma, un modelo 100% eléctrico no necesita válvulas, alternador, motor de arranque, sistemas de inyección y turboalimentación o escape.

Si seguimos el sentido de la energía en un vehículo, el siguiente sistema del que se aprovecha un coche eléctrico es el de su transmisión. Salvo excepciones contadas (como en el caso de los que montan un variador continuo), los modelos cien por cien eléctricos cuentan con una sola marcha.

Esto quiere decir que también salen de fábrica con una caja de cambios ligera y, también, más sencilla. Lo que deriva en que, como se puede comprobar nada más montarse en un coche eléctrico, no tienen embrague. Ahorrarse el mantenimiento y la nada barata sustitución de esta pieza ya supone una ventaja imbatible.

¿Tienen mantenimiento las baterías del coche eléctrico?

Recarga coche eléctrico

Sin embargo, no todo es un camino de rosas en la mecánica del coche eléctrico. En su esencia encontramos un elemento que añade un factor inédito para los motores térmicos. Hablamos de sus baterías, responsables de alimentar al tren de tracción.

Lo relevante de las mismas tiene que ver con su vida útil, que ronda los diez años. Ahora bien, esta cifra varía mucho en función de múltiples variables: uso que les demos, cuidados y atenciones que les prestemos (a la hora de recargar y de someterlas a climas muy cálidos o gélidos) y la tecnología de refrigeración que presenten.

Lo positivo es que, en cuanto a su mantenimiento, no suelen añadir un gasto extra, salvo que hablemos de la degeneración total de su química. Esto no debe preocupar en exceso, pues los fabricantes ofrecen una garantía que en la mayoría de los casos supera de largo el lustro o una cantidad de kilómetros considerable. De modo que, si se detecta una degradación a partir de un determinado nivel (cada fabricante establece una cifra), se cubre el coste de aquellas celdas más dañadas. Esto siempre y cuando estemos dentro del periodo o distancia de garantía.

Frenos y neumáticos se desgastan menos

Mantenimiento de coche eléctrico

Otras partidas del mantenimiento que se reducen para los eléctricos son las de los neumáticos y los frenos. Por una parte, porque su propulsión es más lineal y homogénea que la de un coche de combustión. Por otra, porque la retención de base de la motorización y los sistemas de frenada regenerativa permiten volcar de nuevo al sistema parte de la energía que se pierde en estos elementos.

Como se puede comprobar, son muchas piezas y componentes los que varían, y así lo hace también el coste. Si vamos a los datos publicados por fabricantes (como Volkswagen), descubrimos que el precio del mantenimiento de uno de sus modelos más representativos en versión eléctrica cien por cien es solo un tercio de lo que cuesta en su equivalente térmico. Y eso que, en esta última previsión, no se tienen en cuenta la sustitución de sistemas genuinamente térmicos, como el embrague.

Como hemos contado, los motivos de este descenso en los costes es que en el eléctrico no procede la sustitución de correas de distribución, de transmisión, de arrastre, bujías o filtro de aire, entre otros. Por eso, a la hora de meditar sobre la adquisición de un modelo así, hay que descontar el coste en mantenimiento.

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