Las fases del siniestro vial (2): Decisión y respuesta

Victoriano Flores Corzo

30 de junio de 2014


Como dijimos en el artículo anterior sobre la percepción, el incidente con ocasión de la movilidad entre el tráfico de vehículos (con o sin motor), peatones y ciclistas, ya sea en casco urbano o interurbano, no se produce de forma repentina o de forma azarosa, sino que se trata de una sucesión encadenada de hechos que se producen en dos dimensiones físicas: en un terreno, sitio o lugar y en un intervalo de tiempo.
Dentro de ese escenario vial por donde nos movemos, tenemos que tener en cuenta que no estamos exentos de sufrir un incidente vial bien como peatón o como conductor. La fase de percepción nos pone en alerta ante un hecho inesperado como puede ser, por ejemplo, un vehículo que nos precede y frena de forma brusca o la irrupción súbita de un peatón. En todo caso, será la fase de decisión la que nos servirá para dar respuesta a ese peligro.

Las maniobras de evasión como respuesta

Toma de decisiones dentro de un tiempo de reacción
La fase de decisión y respuesta comienza después de la fase de percepción del peligro y se manifiesta con la decisión del conductor para evitar el peligro. Una fase que la podemos relacionar directamente con el tiempo de reacción, es decir, la estimulación del músculo y creación de la actividad mecánica (movimiento), sin olvidarnos de la previa visión, su traslado al sistema nervioso central y aplicación o transformación de la orden al músculo.
La toma de información previa también llamada anticipación facilita la elección y focalización de las posibles reacciones; de ahí, la importancia de la experiencia en la conducción para calcular correctamente el tiempo que tardamos en realizar la maniobra, tener un plan B y realizar una reacción condicionada al éxito de la maniobra o por lo menos que la última decisión no sea errónea o desemboque en un mal mayor. Por ejemplo, ante un vehículo que invade nuestro carril en una vía con doble sentido de circulación es preferible, si tenemos espacio, girar el volante a la derecha antes que invadir la parte izquierda de la vía, carril o calzada contraria.
Precaución por mudmucks
Pues bien, entre las maniobras de evasión que existen destacamos las simples pasivas como, por ejemplo, tocar el claxon y efectuar destellos; las simples activas como, por ejemplo, disminuir la velocidad, detención del vehículo, aumentar la velocidad, girar hacia los lados y dar marcha atrás y las complejas como, por ejemplo, disminuir la velocidad y girar al mismo tiempo, disminuir la velocidad y uso de claxon o destellos, etcétera…
Por último, el tiempo de reacción determinará la respuesta ante el peligro e incluso el éxito de la maniobra empleada. El estado físico o psíquico de la persona, la edad, cansancio, distracción, son variables que pueden aumentar el tiempo de reacción. Por tal motivo, recalcamos la importancia de ir atento a los mandos del vehículo en todo momento y evitar el exceso de confianza para evitar sorpresas.
Foto | Laenulfean
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