Fumar al volante. Otra distracción más

Igor Zamorano

29 mayo, 2008

Tiempo ha pasado desde que la DGT decidiera regular el uso del móvil y castigar, como es debido, su uso por ser claramente perjudicial para la seguridad, tanto del propio conductor como del resto de usuarios. El GPS corrió la misma suerte. Nada de utilizar los navegadores mientras se está conduciendo. A menos tecnología menos distracciones al volante.

Eliminadas este tipo de distracciones, el siguiente paso debería ser luchar contra otras distracciones, que hoy por hoy no son tomadas como tal. El artículo 18.1 del Código de Circulación indica que: “el conductor de un vehículo está obligado a mantener su propia libertad de movimientos, el campo necesario de visión y la atención permanente a la conducción, que garanticen su propia seguridad, la del resto de ocupantes del vehículo y la de los demás usuarios de la vía”.

Literalmente el artículo no impedía el uso del teléfono móvil, hasta que se prohibió por ley. Literalmente tampoco impedía el uso de los navegadores. Eso sí, dejaba la puerta abierta a que se pudiera sancionar si los encargados de velar por la seguridad vial lo consideraban conveniente.

Luego te encuentras con ciertas situaciones. Conductores que manejan airadamente su móvil mientras entorpecen el tráfico sin importarle demasiado. Y no puedes hacer más que pararte a pensar que ni cien mil campañas podrían meter en la cabeza a este tipo de conductores que conducir y móvil no son compatibles.

Si a lo anterior le sumamos que el mismo conductor habla por el móvil con una mano mientras fuma con la otra ya no sabes que pensar. Si usa una mano para cada una de las acciones, cómo consigue eludir coches en doble fila, y engranar las marchas. Supongo que es sencillo. La paciencia de los demás y comprender que intentar realizar cualquier maniobra con ese conductor en el horizonte puede ser un riesgo innecesario.

Por simple que parezca fumar es una distracción más. Y por ello susceptible de ser sancionado. No sólo es el simple hecho de fumar. Es la distracción al encender el cigarrillo, la inutilización de una mano, el hecho de buscar el cenicero, el humo que se mete en los ojos. Todo ello a pesar de que se trate de una acción que está admitida en la sociedad. Implica riesgos que podrían ser evitados.

Riesgos a los que hemos de sumar que el fumador acumula en su organismo monóxido de carbono. Sustancia que hace que disminuya el nivel de vigilancia, que descienda la atención al volante y que reduce la visión. En resumen, demasiadas desventajas para que no se tenga en cuenta.

Algunos países ya han tomado medidas. Brasil, Colombia o Chile son ejemplos de países que han prohibido fumar al volante. En España y a pesar de alguna propuesta concreta hoy por hoy nadie se plantea la prohibición de fumar al volante. Aunque si buscamos la excelencia al volante, es algo que tarde o temprano alguien tendrá que plantear.

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