Fleethorse, la tracción animal como motor de futuro

Josep Camós

4 noviembre, 2007

Ni biocombustibles, ni hidrógeno, ni placas solares. Un caballo, un montón de alfalfa y a correr. Esa es la alternativa de futuro que presenta la firma Fleethorse en su página web: un vehículo de tracción animal con el animal a cuestas.

Dicen que las grandes ideas suelen venir de la mano de la casualidad. En el caso del Naturmobil de Fleethorse, cuentan que su inventor vio la luz un día que notó el ambiente saturado de polución vertida por una fábrica cercana a su domicilio. Asqueado, decidió hacer algo contra la contaminación, de modo que se puso a rebuscar en el pasado para conseguir una solución de futuro.

Más allá de la leyenda, lo cierto es que el planteamiento tecnológico de estos vehículos tiene su miga. La historia está en situar los caballos dentro del habitáculo cabalgando sobre una cinta sinfín, como quien los pone a hacer jogging en el gimnasio, pero sin música de fondo. Eso sí, como la zona destinada a los animales es transparente, pueden corretear sin perder detalle de cuanto sucede a su alrededor. Y sin mojarse durante los días de lluvia.

El inicio de la marcha se lleva a cabo con un motor eléctrico, por lo que los animales no tienen que vencer la falta de inercia del vehículo. En ese sentido, un sistema de transmisión dotado de caja de velocidades minimiza el esfuerzo que realizan los caballos. Además, unos acumuladores trabajan para que en los momentos de máximo trabajo el motor ayude a los animales.

Naturminibus de Fleethorse

La compañía tiene previstas varias presentaciones y usos para este tipo de vehículos. Taxis, minibuses descubiertos, autobuses y furgones movidos por caballos que trotan cuando el conductor lo ordena con unos pequeños impulsos eléctricos.

Aunque esta peculiar motorización no se caracteriza por sus emisiones de gases contaminantes, con el movimiento sí que se generan unos desagradables productos de desecho que el sistema retira convenientemente a un compartimento ubicado bajo el habitáculo, lejos de los ocupantes y de los mismos equinos.

Teniendo en cuenta que desde tiempos remotos las fuentes de energía han sido el argumento para los más variopintos enfrentamientos entre personas, me pregunto qué ocurriría si la nueva moneda de cambio fueran los animales. Y, rizando el rizo, me pregunto qué ocurriría si los códigos penales rescataran la figura del remero de galeras reconvertido en fuente de energía renovable. Quizá esa sería una buena alternativa a las penas de prisión por conducción temeraria. Todo por un futuro más limpio, tanto en el aire como en la carretera.

Vía | Informativos.net

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