Contaminación en el transporte: cambiar de mentalidad para no cambiar de planeta

COP25La contaminación tiene cada día más consecuencias en nuestras acciones. En cuestión de movilidad y de seguridad vial, la sostenibilidad y el transporte limpio son asignaturas que adquieren una importancia capital. Ya no se trata solo de «cuidar el planeta que dejemos a nuestros hijos y nietos», sino de dejarles un planeta habitable.

Todos los sentimientos que se desprenden de esto se han entrecruzado en Madrid en la la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2019 (COP25). Se apagan las voces que critican la necesidad de cambio por creer que todo este asunto resulta de un interesado y falso alarmismo. Y es que los expertos llevan mucho tiempo vaticinando que nos estamos equivocando con la senda de desarrollo que hemos tomado.

Si en el siglo XX era el desastre nuclear el que impedía a la humanidad conciliar el sueño, el cambio climático comienza a sonar con fuerza como el factor que alterará nuestro modelo de vida, afectando a todas las esferas de la sociedad, y en especial, la sanitaria y económica.

COP25: no podemos esperar ni un minuto más

El desafío por la sostenibilidad global impacta de lleno sobre el sector del transporte. Así, la cuestión medioambiental ha terminado por encajar en la seguridad vial y, en ese sentido, la Fundación MAPFRE está volcando todos sus esfuerzos por erradicar las emisiones perniciosas de los vehículos. Estas dañan no solo al planeta, sino a nuestra salud.

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Alcanzar las cero muertes en las carreteras implica también reducir la repercusiones de las emisiones sobre las personas. En España los científicos cifran en 10.000 las muertes provocadas por los componentes de los tubos de escape. Por eso, la Fundación MAPFRE se ha sumado al resto climático mostrando un rol activo y de liderazgo:

Lograr un modelo de movilidad sostenible, segura y responsable y que sea respetuoso con las ciudades y las personas exige un cambio de mentalidad. No tenemos excusa, porque existen oportunidades y acciones al alcance de nuestras manos. Sabemos qué hay que hacer, pero no lo hacemos.

Estas han sido las palabras del director de Prevención y Seguridad Vial de Fundación MAPFRE, Jesús Monclús, en el acto del colectivo organizado con motivo de la COP25 y de cara a explicar «por qué el cambio climático nos está obligando a cambiar la forma en la que nos desplazamos, la manera en la que conducimos e incluso cómo condiciona a los ciudadanos a la hora de comprar un vehículo».

Sabemos lo qué hay que hacer, pero no lo hacemos

En lo que respecta a la seguridad vial, es mucho lo que se puede hacer para contribuir desde ya a la sostenibilidad. Un sencillo gesto como respetar los límites de velocidad incrementa la seguridad a bordo reduciendo las posibilidades de accidente y, también, supone una reducción de emisiones.

Sin embargo, la transición en el transporte va más allá. En ese sentido, el cambio hacia otras formas de movilidad alternativa se antoja fundamental. Lo explicaba la activista e impulsora de Stop Accidentes Galicia, Jeanne Picard, al resaltar la importancia de educar fomentando el senderismo, el uso de la bicicleta y del transporte público. Estos son pilares básicos de una de sus últimas y exitosas iniciativas, la campaña ‘Ahora vamos andando al cole’.

El cambio estructural que plantea la COP25

Como ha quedado patente tras la COP25. Cambiar de mentalidad significa instar a un cambio real en el modo en que empresas e instituciones acometen su actividad. Un ejemplo de esto lo encontramos con el Centro de experimentación y seguridad vial de MAPFRE (CESVIMAP). En el acto también destacó este al ser un buen ejemplo de aplicación de la economía circular. La empresa calcula un ahorro de 47.500 toneladas de CO2, 825 toneladas de cristal y 1.200 toneladas de plástico gracias al nuevo aprovechamiento de piezas.

La movilidad eléctrica es otra de las patas fundamentales que contribuirán al cambio. A nivel global, la tecnología asociada a las motorizaciones térmicas ha tocado su techo en lo que a sostenibilidad y emisiones se refiere.

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El siguiente capítulo corresponde protagonizarlo a los propulsores movidos por energía eléctrica y las baterías que los alimentan. La joven tecnología que hay detrás del coche eléctrico constituye una segunda oportunidad para la sostenibilidad en el transporte.

Cuanto antes la aprovechemos, menores será las consecuencias para el planeta y la salud de sus habitantes. Empresas como MAPFRE trabajan para ese cambio ofreciendo puestos de recarga gratuita eléctrica en sus instalaciones para que sus empleados puedan usar sus coches eléctricos.

Un futuro condicionado

La COP25 no ha alcanzado a nivel de compromiso global los objetivos más deseables. Aún así, ha servido para seguir concienciando y constatar que la capacidad de maniobra del ser humano sobre para controlar su entorno sigue disminuyendo. Solo las vidas que se cobra la contaminación debería ser motivo suficiente para el cambio en el transporte.

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