Como yo voy en autobús, que frenen los demás

Sergio Marcus

16 octubre, 2007

Hasta ahora no había redactado ningún post crítico de verdad, pero por circunstancias de la mala leche que me invade cuando me hacen alguna maleducada maniobra, me voy a lanzar a ello. El caso es que iba yo esta mañana a trabajar en mi moto, cuando un autobús ha roto mi paz interna. Os voy a explicar qué ha pasado para que os imaginéis el escenario, pero me ha molestado mucho más lo que ha venido después que la maniobra en sí.

Para los que conozcáis Barcelona, venía yo por la Avenida Paralelo (una avenida con 2 carriles por sentido, con bastante tránsito a esas horas de la mañana), cuando me disponía a girar a la derecha para coger una calle perpendicular a la avenida en cuestión. Resulta que en la avenida, a unos escasos 20 metros antes de llegar a la calle por la que me disponía a girar, hay una parada de autobuses, donde al parar varias líneas, a menudo hay alguno parado en ese carril (que es un carril bus) cogiendo pasajeros. Y claro, si el autobús no tiene demasiados miramientos a la hora de incorporarse nuevamente a la circulación, vienen los problemas.

Sigo con mi versión de los hechos: hay un autobús parado en el carril de la derecha recogiendo pasajeros. Yo voy, entonces, por el segundo carril, y con el intermitente puesto indicando que voy a girar por esa calle a la derecha. Cuando estoy en paralelo con el autobús, el mismo pone el intermitente indicando que se reincorpora, y ni corto ni perezoso, empieza a tirar para adelante, imposibilitándome casi por completo girar por esa calle a la derecha. No sé aún cómo (supongo que porque ya estaba realizando la maniobra de giro), pero el caso es que he podido girar, y entonces, ha venido lo más triste del caso.

El conductor del autobús para el vehículo, abre las puertas, y se dirige a mí. Yo, evidentemente, me acerco para ver qué narices tiene que explicarme al respecto. Y se queda tan ancho diciendo: “Si el autobús pone el intermitente, tiene preferencia”. Claro, claro, entonces no sé para qué le ponen espejo retrovisor en su lado, señor conductor. Le digo eso mismo, y arregla su comentario anterior: “Te he visto, pero si yo pongo el intermitente me tienes que dejar pasar”. Definitivamente, si me has visto, es que eres un paya mal educado. El conductor pretendía que yo me quedara frenado en el segundo carril en medio de una avenida donde no paran de pasar coches, jugándome que se me lleven por delante, porque él no podía esperar 5 segundos a que yo acabara la maniobra que ya había empezado. Y además, se justifica explicándome lo razonable que es su manera de ver las cosas.

Y harto de discutir con una persona de la que era imposible extraer más de 5 palabras encadenadas sensatas y con algún rigor, le he dicho lo que realmente pienso muy a menudo de algunas maniobras que hacen determinados conductores de autobús y vehículos “grandes” (por suerte, no todo el mundo que conduce estos vehículos tiene tan poca sensatez): “Claro, como tú vas en autobús, ya frenarán los demás. Si tan buen conductor de autobús eres, ¿qué narices haces aquí parado discutiendo, mientras todos los pasajeros que llevas tienen que ir a trabajar y seguro que quieren llegar a la hora?” Y mientras me giraba, he tenido tiempo de oír el “estoy parado discutiendo porque podría haberme parado con tu moto debajo de mi autobús”. De verdad, este conductor “ejemplar” no se merece ni un insulto. Desequilibrados como éste deberían quedarse en casita y no poner en peligro a los demás. Un tío que sabe de sobras (así lo explica él mismo, vaya) que puede provocar un accidente si arranca de la parada cuando una moto viene ya girando, y a pesar de todo, arranca, no merece tener derecho a conducir ni tan siquiera un monopatín.

Y sirva este caso para concienciar un poco a la gente que lleva vehículos que por sus dimensiones pueden ocasionar importantes daños en caso de accidente. Todos tenemos que ser conscientes de lo que llevamos entre manos en todo momento, y para nada es lo mismo conducir un autobús, que un coche, que una moto. Hay que adaptarse a lo que llevas, y a medida que el tamaño del vehículo aumenta, el “chip” de la seguridad debería tomar más protagonismo en nuestro cerebro. Pero no sólo nuestra seguridad, la seguridad de los demás también es fundamental.

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