Cinco cambios que vivirá la seguridad vial en la década que se avecina

ADASLa seguridad vial vive tiempos muy particulares. La década llega a su fin y esto supone hacer balance de lo conseguido y planificar cómo afrontar los próximos retos. Mientras las estadísticas de siniestralidad inciden en un estancamiento en la reducción de las víctimas de tráfico, la tecnología nos ofrece un panorama esperanzador. ¿Será posible un avance cualitativo durante la nueva década?

Las autoridades europeas son cada vez más conscientes de que acercarnos al Objetivo Cero pasa por afrontar una serie de cambios en la diferentes estrategias de seguridad vial aplicadas en cada país. Aunque es imprescindible seguir trabajando en políticas que buscan la concienciación, actualizar la normativa o invertir en infraestructuras, la industria de la automoción está en disposición de aplicar una serie de innovaciones revolucionarias.

La nueva década debería servir para materializar todas esas promesas tecnológicas dirigidas a paliar el factor humano.

La década ADAS

Los sistemas avanzados de asistencia al conductor, conocidos bajo las siglas ADAS, llevan varios años integrándose en los vehículos. Su efectividad y beneficios que pueden aportar en la prevención de accidentes están más que probados.

Los sistemas de frenada automática o de mantenimiento en el carril son solo algunos ejemplos de soluciones en pos de la seguridad vial que están disponibles en el mercado. Pero, ¿por qué su presencia no se está traduciendo en mejores datos de siniestralidad?

Su desconocimiento general y que todavía exista un número mayoritario de vehículos que carecen de ellos los hacen, de momento, poco influyentes. La UE quiere invertir esta tendencia acelerando su introducción masiva. Así, las instituciones comunitarias han impulsado una nueva legislación que hará obligatorios 15 sistemas ADAS a partir de 2022.

Se persigue, además, que los ADAS no sean una prestación opcional y/o de vehículos de media y alta gama. Y es que, si hablamos en términos de seguridad, es de recibo incluir de serie todos aquellos instrumentos que puedan evitar más víctimas al volante.

¿La década del coche autónomo?

Década del coche autónomoMucho se ha escrito de la conducción autónoma y mucho invierten en ella los fabricantes de automóviles. Sin embargo, el tiempo está demostrando que se trata de un hito que se cocina a fuego muy lento. Ya no es una cuestión meramente tecnológica, porque no son pocos los requisitos que el coche autónomo necesita para comenzar a rodar.

Ahora bien, es indudable que durante la nueva década veremos avances únicos que dotarán de inteligencia propia a los vehículos. Los resultados serán muy diferentes en función del lugar del planeta por el que conduzcamos. Este mismo año hemos comprobado la reticencia o inclinación de algunos países o zonas del mundo para abrazar esta tecnología. En Florida, por ejemplo, han dado ya los primeros pasos para autorizar la conducción autónoma.

Lo que parece seguro es que algunos fabricantes de automóviles nos presentarán modelos que alcancen los últimos niveles de conducción autónoma durante los próximos años. Algunos ejemplos que hemos visto en Circula Seguro son los de General Motors y su modelo sin volante ni pedales, las intenciones de Volvo de vender a partir un coche semi-autónomo a partir de 2021 o, en la misma sintonía, las de Tesla de alcanzar el nivel 4 de conducción autónoma (el penúltimo) cuanto antes.

Se confirma cada vez más la tendencia de la industria de «saltarse» los niveles intermedios de esta tecnología para conquistar la conducción autónoma plena, aquella en la que no será necesaria ningún tipo de intervención humana. El reto en sí es que esta llegue a ir más allá durante esta década de los prototipos de salón.

Big Data y comunicación

Los sistemas ADAS se relacionan de forma inevitable con un ámbito material del coche autónomo. Sin embargo, el avance hacia la consecución de la inteligencia suficiente para que los coches se conduzcan solos está arrojando más beneficios.

Estos parten de las tecnologías de comunicación entre vehículos e infraestructuras, junto a la gestión de grandes masas de datos o Big Data. Resulta una asignatura algo más reciente, pero que puede aportar muchos beneficios. La clave más inmediata la otorga la llamada seguridad vial predictiva. Esta consiste en desmontar los factores de riesgo gracias al estudio avanzado del comportamiento de los usuarios de la vía.

Esta alternativa se materializa gracias a la gran cantidad de nueva información que los dispositivos tecnológicos relacionados con la conducción y el tránsito están proporcionando. De este modo, el Big Data ayudará a entender esos datos para poder explorar nuevas soluciones y gestionar de forma más eficiente los recursos que potencian la seguridad vial. Hablamos, por ejemplo, de respuestas para perfeccionar la señalización o conocer dónde es más efectivo colocar un radar.

Radares, drones y radares-drones

A propósito de los radares, los avances tecnológicos también afectarán a los cinemómetros y el resto de fórmulas con las que las autoridades gestionan y controlan el tráfico. En ese sentido, las cajas negras puede que jueguen un importante papel.

Aparte de estas, la nueva década promete ser aquella en la que los radares levanten el vuelo. Hasta este año, la DGT contaba con 11 drones que probaba de forma experimental. Esta flota va a crecer con los años y está por ver qué funcionalidades legales poseerá. Al contrario que puede ocurrir con los radares más avanzados, como los radares torreta franceses, los drones suponen un ahorro considerable.

Movilidad sostenible y eléctrica

coche eléctrico

El cambio en el tipo de movilidad alcanzará de lleno a la seguridad vial durante la nueva década. La transición ha adquirido un carácter tan estructural que es imposible (y muy desaconsejable) que la seguridad vial obvie este fenómeno.

El sentido de la movilidad en las ciudades, las plataformas de coche compartido y carsharing, el peso creciente que adquieren ciclistas y VMPs o todos los nuevos detalles que implica el cambio al coche eléctrico son solo piezas de un puzle más complejo. Para entenderlo hemos de asumir la respuesta a una pregunta crucial. ¿Son las «nuevas» víctimas de la contaminación víctimas de tráfico? En ese sentido, la sociedad es más consciente de que queda mucho por hacer, comenzando por apostar por un cambio mentalidad.

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