Aire acondicionado en el coche: consejos y trucos

Redacción Circula Seguro

5 de julio de 2022

La temperatura interior de nuestro vehículo no es sólo una cuestión de comodidad, sino que también influye en nuestra conducción. La temperatura ideal del habitáculo del coche a la hora de conducir es de entre 20 y 22 grados centígrados. Circulando a esa temperatura nos encontraremos mucho más cómodos y, en un viaje largo, nos cansaremos menos y conduciremos de una forma mucho más segura. Recuerda que una temperatura excesiva reduce la capacidad de reacción ante cualquier imprevisto y, además, puede provocar somnolencia e irritabilidad.

Chequear gas, filtros y fugas

Por ello, el aire acondicionado del coche en verano se vuelve muy importante, especialmente en los desplazamientos de larga duración en los que no es cómodo viajar con las ventanillas bajadas. Si durante todo el año te has preocupado de hacer un mantenimiento adecuado de tu coche, lo normal será que no te encuentres con ningún problema mecánico de última hora que afecte a este sistema. No obstante, no está de más chequearlo antes de que empiece el verano para poder detectar si la recarga de gas del aire acondicionado necesita ser repuesta, si existe alguna pequeña fuga en el sistema o si es necesario cambiar los filtros para mejorar la calidad del aire. Lo normal es que no sea necesario recargar el gas del aire acondicionado cada año y que los problemas de enfriamiento se deban a algunas de las otras razones. Y un truco para mantenerlo: enciende el aire acondicionado una vez al mes. Así evitarás que se resequen los conductos y, sobre todo, que proliferen moho y bacterias en su interior que son los que causan los malos olores en el coche.

La ventilación, esencial

Independientemente del estado de tu aire acondicionado, ante las altas temperaturas, trata de estacionar el coche a la sombra y calcula el desplazamiento del sol. Aunque lo dejes aparcado por la mañana al sol, si en las horas centrales del día va a estar a la sombra merecerá la pena ese rato de sol y calor matutino. El parasol también puede ayudar, no tanto a mantener el interior fresco, como a evitar que el volante, los asientos o la palanca de cambios puedan quemar cuando vuelvas a utilizar el coche. Es importante que, antes de entrar en el coche después de haberlo dejado estacionado en verano, abras bien las puertas y las ventanillas para que se ventile lo máximo posible. Incluso puedes utilizar las puertas para “abanicar” el interior del vehículo y hacer que salga el aire caliente de su interior.

Frío progresivo

Es un error arrancar el coche y poner al aire acondicionado a tope. La recomendación es ponerlo a funcionar suavemente para no exigir en exceso al sistema y evitar averías. Cuando nos ponemos en marcha, es mejor circular con el aire a bajas revoluciones y las ventanillas bajadas: a medida que vayamos cogiendo velocidad iremos subiendo las revoluciones y subiendo las ventanillas de forma progresiva. No es recomendable poner el aire acondicionado a menos de 22 grados, no sólo porque la temperatura bajaría demasiado, sino también porque supondría un gasto de combustible innecesario. Los expertos apuntan que llevar el aire acondicionado por debajo de 20 grados eleva el consumo hasta un 20%.

Hacia arriba

Una vez que el habitáculo ya esté fresco, es importante que evites que el aire frío se dirija directamente a la cara y al cuello. Dado que el aire frío pesa más que el aire caliente, es una buena idea dirigirlo hacia el techo para enfriar más rápidamente el interior de nuestro coche. Otro truco es que, si el interior del coche ya está frío, aún se puede bajar un poco más la temperatura activando la recirculación del aire. De esta manera, el coche tomará el aire frío que se mueve por el interior del coche en lugar de coger el del exterior, que estará más caliente. En algunos modelos de coches esta opción de recirculación se desactiva automáticamente, si no es así, esta función no se debería mantener más de diez minutos seguidos, ya que el aire se puede enrarecer y aumentar el peligro de somnolencia al volante.

¿Climatizador o aire acondicionado?

Muchos vehículos ya incorporan climatizador en vez de aire acondicionado. La gran diferencia entre ambos sistemas es que el climatizador dispone de un sensor diseñado para que te puedas olvidar de controlar la velocidad del ventilador y las salidas del aire. Además, el climatizador permite alcanzar una temperatura constante, independientemente de la temperatura exterior. El principio de funcionamiento del aire acondicionado y del climatizador es el mismo: se trata de un gas que es comprimido y al que se cambia de estado por absorción de temperatura. De hecho, los componentes principales del sistema son los mismos, pero la regulación y mezcla de aire son diferentes.

En el sistema de aire acondicionado somos nosotros los que debemos realizar la regulación de la temperatura, su activación o desactivación, y debemos abrir o cerrar las rejillas de ventilación por donde queramos que salga el aire. Es decir, no se trata de un sistema autónomo. Por el contrario, su coste es menor que un sistema de climatización, debido a que incorpora menos elementos para su funcionamiento.

Temperaturas individualizadas

A diferencia del aire acondicionado, el climatizador puede mezclar el aire frío con el aire caliente y conseguir que tanto la temperatura como la humedad en el interior del habitáculo sea la correcta. Eso sí, el sistema de climatización aumenta el precio del vehículo, ya que ha de llevar una serie de sensores de temperatura exterior e interior del habitáculo, motores eléctricos que mueven las trampillas de entrada de aire en el interior del vehículo por los diferentes difusores, etc. Actualmente, la tendencia es que los sistemas de climatización sean cada vez más sofisticados incorporando opciones de climatización bizona, trizona y de cuatro zonas. De esta manera, el sistema puede conseguir una temperatura individualizada prácticamente para cada ocupante del vehículo.