5 claves que tienes que conocer antes de pasarte a la bici eléctrica

Carlos R Vidondo

24 septiembre, 2020

En los últimos años las alternativas eléctricas a la movilidad han ido asentándose en los grandes núcleos urbanos donde hace no tanto parecía imposible que lo hicieran. La restricción de acceso a vehículos no ecológicos –y la reciente pandemia del Covid-19– han motivado el uso de la bici eléctrica más y más. Es algo que se demuestra en la tendencia de compra, que aumentó durante el periodo de desescalada, y que sigue confirmando la revolución de las bicicletas.

Si a ti también te ha picado la curiosidad por investigar el mundo de las dos ruedas (con motor eléctrico) en este artículo te dejamos las claves para escoger la tuya y aprender a circular con ella.

1. El plan Moves II activa las subvenciones a la bici eléctrica

Tanto el Plan Renove 2020 como el Plan Moves II han nacido recientemente con el objetivo de promover la adquisición de vehículos no contaminantes: coches eléctricos, bicicletas y VMP. Un incentivo que ya se está motivando desde los gobiernos autonómicos, con la Comunidad Valenciana y la Comunidad de Madrid como abanderados.

En el Levante mediterráneo, el pasado verano se aprobó una dotación de medio millón de euros para la compra o electrificación de bicicletas y patinetes. Esto se traduce en una cuantía de hasta un máximo de 250 euros para comprar una bici de no más de 1.400 euros. En el caso de adquirir un kit de electrificación, las ayudas ascienden a los 200 euros. En Madrid, se subvencionará hasta el 50% del precio total de las bicicletas hasta un máximo de 600 euros y tendrá carácter retroactivo (desde el pasado 1 de enero).

Mientras, en Europa, sus ventas siguen disparadas y el fenómeno e-bike vive una época dorada en países como Alemania, Francia y Austria. En el país teutón se vendieron hasta 1 millón de bicicletas eléctricas en 2018 y más de 338.000 en Francia.

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2. No existe un solo tipo de bicicleta eléctrica

Si estos números te motivan a dar el salto, el primer paso es conocer su funcionalidad y elegir aquella que más se adapte a tus necesidades diarias de transporte y al espacio en tu hogar. Una e-bike es una bicicleta impulsada por un motor eléctrico, alimentado por una batería que nos ayuda en el pedaleo. Son modelos en constante evolución y, es probable, que pronto este listado quede obsoleto, sobre todo, una vez aparezcan las nuevas baterías CO2-Li.

En primer lugar hemos de saber que, a pesar de que su peso aumenta por la batería, nunca debe sobrepasar los 40 kilogramos pues entonces sería considerada como un ciclomotor. La ley también establece que deben poseer un freno delantero y otro trasero, así como luces de posición, reflectantes y un timbre. En líneas generales podemos agruparlas en tres categorías diferentes: bicis Pedelec, bicis Speed EPAC y bicis Throttle.

  • Bicicletas Pedelec: tienen un motor de hasta 250W de potencia y un pedaleo asistido hasta 25 km/h. Esto quiere decir que cuando superemos esta velocidad dejará de ayudarnos.
  • Bicicletas Speed EPAC: son similares a las del grupo anterior pero en este caso su limitación en el pedaleo asistido aumenta hasta los 45 km/h. No están permitidas dentro de la UE salvo que tengan una homologación por la ITV y estén matriculadas. Es necesario poseer un carnet de conducir de moto (AM) y contratar un seguro de responsabilidad civil.
  • Bicicletas Throttle: su mayor diferencia es que constan de un acelerador en el manillar o incluso en el pedal. El motor no se activa al pedalear como en las anteriores, sino cuando accionamos el acelerador con la mano. Se consideran ciclomotores y se exigen los mismos requisitos que para las Speed EPAC.

3. Un buen mantenimiento hará la batería más duradera

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Lo más importante para mantener una e-bike en buenas condiciones es cuidar del motor. En cualquier caso, no debemos dejar nunca de lado otros aspectos relevantes que comparten con la bici tradicional: cadena, bielas, radios de la rueda, neumáticos, frenos y dirección. Según en qué lugar esté colocado el motor, unos u otros componentes se verán afectados. Por ejemplo, si el motor es trasero, el impulso se transmite directamente sobre la rueda trasera y de esta forma los cambios sufren menos y su mantenimiento será menor.

La vida útil de la batería dependerá del uso que le demos a la bicicleta y de su autonomía, aunque es recomendable usar aquellos cargadores que nos indique el fabricante. También hemos de procurar que nunca se llegue a descargar del todo la batería, como tampoco que permanezca mucho tiempo enchufada. Son requisitos básicos a los que atendemos, por ejemplo, con la batería de nuestro teléfono u ordenador. Eso sí, la bicicleta, al permanecer aparcada en sótanos y garajes, se encuentra más expuesta a condiciones de humedad y temperaturas extremas. Por ello, es mejor siempre sacar la batería y guardarla en casa a una temperatura templada alrededor de los 15 grados.

Por último, hay que tener cuidado con no limpiar el polvo y la suciedad de los dispositivos electrónicos (controladores, sensores y display) con productos agresivos, y en caso de duda acudir a un profesional.

4. Ver y ser visto sigue siendo la regla principal

Independientemente de si tu bicicleta es eléctrica o no, este es el lema que debes recordarte siempre que te sientes en el sillín. En carretera o en ciudad siempre debemos actuar como si el resto de usuarios no nos hubieran visto –pues probablemente no lo hayan hecho–. Esto se debe a dos factores:

  • La bicicleta es un vehículo que circula a menor velocidad y que aún no tiene un espacio definido en la calzada.
  • Los ciclistas son un colectivo vulnerable que está aún comenzando a integrarse en las ciudades.

Los conductores no están acostumbrados aún a circular compartiendo el espacio con los vehículos de movilidad alternativa y es algo que sólo el tiempo y el aprendizaje podrán solucionar. Para prevenir, lo mejor es invertir en una buena equipación y un casco de garantías, procurar elegir los colores más brillantes para el maillot y las zapatilas y llevar como accesorio elementos reflectantes en tobillos y espalda. Por supuesto, encender siempre las luces delantera y trasera de nuestra bici.

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5. No es exactamente igual que conducir una bici normal

La principal diferencia, como hemos visto, es en que una está motorizada y la otra no. Esto supone un límite de velocidad diferente y por tanto un riesgo mayor. Aunque no deja de ser sencillo montar en bicicleta, es importante que nos familiaricemos previamente con la respuesta del motor en este tipo de modelos electrificados. Que la primera toma de contacto sea en un recinto cerrado alejado del tránsito es esencial.

De igual forma, nuestro cuerpo debe de adaptarse al nuevo peso de la bici y en cómo afecta a la dirección, giro y frenado. Es probable que las maniobras resulten más sencillas al ser un vehículo más estable y con un centro de gravedad bajo, lo cual no debe darnos una excesiva confianza ni sensación de seguridad: seguimos siendo vulnerables. Pero el factor más importante es el de la aceleración. El motor eléctrico se activa de forma repentina una vez precisa el empuje de las primeras pedaladas, provocando en ocasiones un tirón que según qué circunstancias puede suponernos un peligro (salidas en semáforos o pasos de peatones).

La bicicleta eléctrica ha democratizado el ciclismo y permite a cualquier persona disfrutar de la gran experiencia sobre las dos ruedas. Por ello, si es nuestra primera vez o no tenemos habilidades sobre el manillar, es importante tener precaución y permitirnos un tiempo de aprendizaje.

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