“Yo sobreviví al verano de 2009”

Camisetas

Ya lo he decidido. Me voy a imprimir una camiseta que diga, textualmente, eso mismo: “Yo sobreviví al verano de 2009”. Y es que yo no sé si es porque la crisis nos tiene a todos despistados, porque el calor nos hace agresivos o simplemente porque hay conductores ineptos que gozan mostrando su ineptitud en público, pero lo cierto es que estos meses de julio y agosto he contado con los dedos de varias manos las muchas oportunidades que he tenido de acabar engrosando las estadísticas de la DGT.

Vista de cerca, una casi colisión (acuño la categoría para esos complejos estudios que se publican de vez en cuando, por si alguien quiere tomar nota de ella) no hace gracia. Es más: Vista de cerca, una casi colisión es una de esas situaciones, tan simples y complejas a la vez, en que comprendes de una bofetada esa frase recurrente que dice que la siniestralidad vial es evitable.

Factores de riesgo propios del conductor

No voy a perder el tiempo anotando largas listas para glosar las tropelías que he visto hacer a mi alrededor durante estos días. Supongo que si uno le echa un vistazo a los principales factores de riesgo inherentes al conductor se encontrará con la síntesis de lo que hay en nuestras carreteras. Al fin y al cabo, la cuestión de fondo es tan simple como esto: Si se conocen sobradamente las causas que dan pie al grueso de la siniestralidad vial, esa que se achaca al conductor en un 90% de los casos, algo habrá que hacer para que cambien las actitudes de los conductores que se erigen en verdugos de los demás y de sí mismos.

¿Qué ha hecho este verano la DGT para promover un cambio de actitudes en los conductores que van por la carretera machacando impunemente a los demás? Le echamos un ojo a la campaña de sensibilización que se ha emitido en la tele y, la verdad, la cosa tiene cierta… ¿gracia? La DGT, esa DGT que sólo aparece públicamente para abroncar al ciudadano y nunca para reconocer sus propias deficiencias como organismo gestor, ahora apela a la ética del conductor y le pregunta, casi acariciándole la mejilla, por qué no hace lo que esté en su mano para reducir la siniestralidad.

No soy un experto en el modelo psicológico del cambio de actitudes, pero me da a mí que las cosas se están llevando a la práctica de un modo un tanto extraño. La DGT forma al conductor y valida su aptitud una sola vez en la vida, luego va cambiando las reglas del juego a su conveniencia, impone severos correctivos a unos conductores que no ha vuelto a ver desde que los validó como tales y, de repente, comienza a hacerse ver en los medios con su cara más paternalista para implicar a esos conductores rebotados en una lucha por la seguridad vial que ni les va ni les viene.

Pues no sé yo si esa es la mejor manera para hacer llegar un mensaje, la verdad.

Y mientras todo esto sucedía a caballo entre los asépticos despachos de los gestores del tráfico y los omniscientes medios de comunicación, circulando este verano por las carreteras de nuestro país me di cuenta de lo frágiles que somos, de lo relativos que son nuestros quebraderos de cabeza cotidianos, de cuánta vida le debemos a los demás y, lo peor, de qué poco conscientes son los demás sobre la cantidad de vida que les debemos.

Y cuando hablo de los demás no me refiero sólo al resto de los conductores.

Foto | Robyn Gallagher

Gráfico | Josep Camós

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