¿Y si nos encontramos mal al volante?

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A la hora de ponernos al volante ya sabemos que nuestro vehículo ha de estar siempre en perfectas condiciones, pero pocas veces nos paramos a pensar si nosotros nos encontramos en un estado adecuada. No creo que haga falta recordar que conducir no es como estar tirado en el sofá.

Un resfriado incipiente, una comida copiosa o una mala noche con insomnio son tres ejemplos básicos que pueden ocurrirnos a muchos pero que no son más de una ínfima parte de todo lo que nos puede afectar. Desde un malestar físico que puede tener cura a base de medicamentos (no olvidemos mirar siempre el prospecto para cerciorarnos si el medicamento altera nuestras facultades) hasta otras menos tratables como las molestias psicológicas.

Antes de sentarnos y ponernos a conducir, nadie mejor que nosotros puede valorar nuestro estado. ¿Realmente me encuentro bien para conducir? Si la respuesta es negativa será el momento de que retrasemos nuestro viaje o de que cedamos el volante a alguno de nuestros acompañantes. Y no importa que no le dejemos nuestro coche a nadie. Mejor eso que empotrado en una mediana por un retortijón repentino.

En otras ocasiones, es una vez comenzado el trayecto cuando comenzamos a sentirnos indispuestos. Según los estudios realizados por Attitudes, en esos momentos más de un 40% de los conductores decide continuar su trayecto. Aunque no es bueno centrarse, los datos revelan que son principalmente mujeres las que continúan conduciendo, mientras que en la zona opuesta, aquellos que optan por no conducir cuando piensan que no están en condiciones, están hombres de más de sesenta y cinco años. ¿Cordura con la edad?

A la hora de evaluar, mejor ser previsor. No esperar a que nuestro malestar desencadene en situaciones complicadas. Antes de que eso ocurra, un poco de cordura y parada en cuanto podamos. La imposibilidad de cambiar de conductor o la premura con que siempre nos ponemos en carretera hacen que se tomen decisiones arriesgadas que conlleven exposiciones de riesgo elevadas. Riesgos gratuitos que finalmente ponen en peligro nuestras vidas y la del resto de usuarios de la vía.

Vía | Médicos y pacientes