¿Y si la mejor movilidad fuera la que no se necesita?

Atasco

Con unos precios de carburante que en muchas gasolineras pasaban de los 1,50 euros por litro durante el último fin de semana, en los alrededores de la ciudad francesa de Toulouse han comenzado a tomarse en serio eso del ahorro energético. De un lado, como ocurre en España, están las iniciativas de compartir coche, que en el país vecino comienzan a destacar. Dicen los responsables de la web easycovoiturage.com, dedicada a coordinar viajes compartidos, que el aumento del precio del petróleo ha hecho que en sólo seis meses se duplique el número de abonados a su servicio.

Pero también está ganando peso una actitud que va mucho más allá en esto de recortar el gasto de carburante. Y si dicen que el mejor ahorro es la energía que no se consume, los hay que siguen esa idea al pie de la letra. ¿Que para ir de casa al trabajo no hay más remedio que pasar una hora encerrado en el coche? Pues o se cambia la ocupación o se cambia la casa. Y hay ya más de uno que ha comenzado a hacer las maletas para volver a la ciudad, a residir cerca del trabajo y evitar así perder tiempo y dinero cada día en una letanía de ida y vuelta que poco tiene que ver con la ansiada calidad de vida por la que se mudó a las afueras.

Dice el responsable de una agencia inmobiliaria que queda a 40km de Toulouse que este fenómeno se está notando ya. El frenazo en las ventas debido a la crisis se nota mucho más en la periferia porque los costes del transporte son ya importantes para quienes trabajan en la ciudad. “El modelo de la casa unifamiliar en un pueblecito de las afueras para evitar las molestias de la ciudad está desapareciendo”, sostiene por su parte el presidente de la Federación de Constructores y Promotores de la región Midi-Pyrénées.

No es de extrañar. Fueron muchos años de vender a miles de personas la tranquilidad del extrarradio como sinónimo de calidad de vida mientras las infraestructuras fueron adaptándose a un ritmo mucho más lento. Al final, nos encontramos cada día con un flujo de vehículos que vienen y van a paso de tortuga para que las personas puedan ir de sus lugares de residencia a sus lugares de trabajo y viceversa. Y nos encontramos también con la necesidad constante de ampliar la capacidad de las vías para que sea posible realizar trayectos que no llevan a ninguna parte. Mirado con algo de perspectiva, es una de esas situaciones sin demasiado sentido que no se podía sostener por mucho más tiempo, y a falta de una intervención adecuada por parte de los gobiernos parece que finalmente será el precio de la energía el factor que pondrá fin a este escenario.

Quienes han vuelto a la ciudad no dudan en mostrar su alegría cuando hablan del tema. Los hay que afirman haber ganado tiempo libre al eliminar de su agenda diaria las horas dedicadas a los insoportables atascos. Otros apuntan al gasto económico que les representaba ir arriba y abajo cada día de la semana. ¿Son razones para considerar un cambio de residencia? Depende de lo que cada cual entienda por calidad de vida. En cualquier caso, lo que no se puede negar es que si desaparece esa enorme necesidad de movilidad diaria desaparece el sobreconsumo energético. Otra cosa será saber si las ciudades están preparadas para recibir a los que se fueron y ahora quieren volver.

¿Que nuestra situación está a años luz de seguir el patrón galo? Quizá, pero cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

Vía | La Dépêche du Midi

Imagen | easycovoiturage.com

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