Cómo se utiliza el freno motor cuando los frenos fallan

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Uno de los grandes miedos que tenemos todos como conductores, y donde más nos cuesta imaginar nuestra reacción ante una situación tal, es la de perder el control de nuestro vehículo por un fallo en los frenos. Pueden darse muchas complicaciones que provoquen que los frenos no respondan al pisar el pedal, algunas de ellas relacionadas con un fallo de mantenimiento y falta de revisión.

En cualquier caso, debemos ser precavidos y estar bien capacitados para controlar la tensión y nervios en caso de vernos en tal lugar, para poder reaccionar de la más manera correcta posible y evitar así una tremenda fatalidad. Por nuestra seguridad y la del resto de usuarios de la vía, aquí vamos a explicar las razones por las que podemos quedarnos sin freno y por qué el freno motor es la mejor respuesta ante esa incertidumbre.

Averías en los frenos y cómo prevenirlas

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Existen múltiples razones que pueden provocar el fallo en la dirección y provocar consecuentemente un accidente, y no todas ellas derivan directamente de los frenos. Por ejemplo, el no disponer de amortiguadores óptimos provoca que el coche cabecee y el neumático tenga que trabajar más para estabilizar el vehículo; si las ruedas o discos están desgastados, la diferencia en la distancia de frenado respecto a un coche nuevo es alrededor de cuatro veces mayor; si se conduce sin sistemas ABS o ESP de estabilización o están dañados, se pierde mucho más control del coche y se producirá un derrape más acentuado.

Por ello, es aconsejable mantener siempre en buen estado el vehículo con una revisión rutinaria y permanecer atento ante cualquier cambio que podamos percibir durante nuestra conducción, como escuchar ruidos extraños del motor, roces, chillidos, etc; la vibración de los frenos puede ser causa directa de un daño en los discos, y si el pedal se siente más duro o más flojo de lo habitual, puede ser resultado del desgaste de las pastillas, la entrada de aire en el sistema hidráulico o la falta de líquido de freno; si el coche pega tirones, gira o ‘culea puede existir una rotura en las mangueras.

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Algunos consejos que podemos aplicar a nuestra conducción para mejorar así las posibilidades de sufrir averías son, por ejemplo, la de frenar siempre con las ruedas rectas, es decir, evitar dar grandes frenazos mientras pegamos un volantazo. Las adherencia de las ruedas al asfalto se ve afectada por la frenada y por el giro, si frenamos con las ruedas en línea recta estamos evitando uno de los dos factores, dando como resultado una frenada más eficaz y rápida, en caso contrario el coche puede ‘culear’ provocando que perdamos totalmente la dirección.

Por otro lado, el embrague es otro elemento importante que influye en el freno y la reducción de velocidad. Imaginemos que nos encontramos en una cuesta abajo con el coche en la segunda marcha y soltamos el pie del acelerador: si apretamos el embrague el coche seguirá revolucionándose y aumentará su velocidad en consecuencia, debido a que estamos desactivando el freno motor, sufriendo así una pérdida de adherencia. En el caso de un giro más o menos cerrado este efecto crece exponencialmente, por lo que siempre es recomendable primero pisar el freno hasta alcanzar la velocidad mínima de la marcha (en la segunda marcha el mínimo es 20 km/h hasta que el coche da señales de ahogo), y luego pisar el embrague poco a poco hasta que frenemos lo suficiente para poder girar.

¿Cómo usar el freno motor en casos de emergencia?

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Si nos vemos en la situación de estar en una carretera bastante transitada, en la que nuestro freno no responde y el acelerador está atascado tenemos varias opciones para detener el vehículo de forma segura, aunque muchas pueden llegar a no resultar en función de la velocidad, el entorno y nuestra capacidad para gestionar los nervios y la reacción.

  1. Podríamos usar el freno de mano, de una forma sutil y lenta tirando y soltando poco a poco el coche iría reduciendo su velocidad. Pero si frenásemos de golpe con un tirón se producirá el bloqueo de las ruedas traseras y el coche empezaría a dar bandazos de un lado a otro, haciéndonos perder el total control.
  2. Apagar el motor no es nada recomendable a grandes velocidades y si tenemos que evitar al resto de vehículos de la vía, pues se produce el bloqueo del volante y de la dirección asistida, corriendo el riesgo de sufrir un choque frontal.
  3. Acudir a las rampas de frenado en caso de existir, realizando la correcta señalización de emergencia al resto de conductores.
  4. Colocar la palanca de cambios en punto muerto para desconectar la transmisión, el motor seguirá funcionando pero se irá reduciendo la velocidad, más aún si ejercemos presión constante sobre el pedal de freno. A continuación, vamos reduciendo poco a poco y una a una las marchas (freno motor).

Esta última opción es la más recomendable y requiere una capacidad de concentración y control absoluta, pero nos segura un menor desgaste de las pastillas y zapatas, así como de combustible. Debemos realizarlo lentamente y en varios pasos, soltando suavemente el pedal de embrague para no hacer sufrir al disco y no pegar tirones bruscos. El freno motor es la propia acción del motor cuando se deja de acelerar, provocando un sistema de retención para que el coche no se embale. Todas las marchas tienen freno motor, pero actúa más en las marchas cortas.

Imágenes | Flickr Social Media

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