Un conductor alemán por Madrid

Conductor

El título parece el título de una canción pero no, nada más lejos de la realidad. Describe perfectamente lo que me encontré a principios de esta semana, cuando llegué a la capital española para probar un nuevo modelo de motocicleta. Allí me estaba esperando personal de la organización para llevarme hasta el hotel y mi primera sorpresa fue ver que el conductor no era local, sino que era alemán, desplazado por la propia marca hasta allí.

Pusimos rumbo a nuestro destino, llamándome primeramente la atención que el GPS no estaba activado. En estos tiempos actuales, de tecnología a pie de coche, existe una tendencia bastante grande de activar este aparato hasta para hacer el recorrido diario del trabajo. Una vez pregunté a un compañero que lo llevaba encendido que por qué lo hacía y me respondió que para que lo avisase de los radares. Pero, vamos a ver… haces el recorrido de dos a cuatro veces diarias y, ¿no sabes dónde están los radares?

Pero bueno, dejando a un lado esta pequeña observación, seguí fijándome en la forma de conducir de mi chófer alemán y, sinceramente, tenemos todavía mucho que aprender los españoles. Como es posible que un conductor foráneo, que llevaba allí una semana aproximadamente, se posicionase perfectamente en los carriles, integrándose en la circulación, usando el carril derecho, o ese gran olvidado que es el intermitente. Pero todavía iba más allá, y cuando alguien señalizaba su intención de realizar una maniobra, no metía el morro del coche sino que le facilitaba el desplazamiento.

Autobahn

Pero no acabó todo allí. Una vez en el hotel y vestidos con las protecciones de moto, circulamos por el centro de Madrid junto a monitores también de la marca. Durante el trayecto, nos cogió un atasco y en cuanto la detención superaba el minuto, el guía apagaba manualmente el motor hasta que el semáforo estaba a punto de cambiar. Y así lo hizo hasta tres veces hasta que la carretera estuvo despejada.

Y ya se me desencajó literalmente la mandíbula de vuelta al aeropuerto. En ese caso, el chófer era otro, concretamente de Munich. Entablé conversación con él y me explicaba que era conductor de la marca para realizar actos de este tipo, pero que no servía cualquiera. Además de conocer la ciudad perfectamente, sobre todo en su caso Munich aunque ahora está lejos de casa, debía saber alemán, inglés y nociones de español para poder hablar con el pasajero. Pero ojo, sólo si le preguntaba. Y además conducir de forma muy suave, para máxima comodidad de los pasajeros.

Y de repente me hizo un ejemplo gráfico. Me dijo que eso no encajaba con la filosofía española del conductor. Pegó un frenazo, un acelerón y dos cambios de carril bruscos sin intermitente. Subió la música, apoyó el brazo en la ventanilla y me espetó vociferando en un español con marcado acento alemán: Hola amigo, que tal, ¿bien?

Después de un par de carcajadas mutuas, nos encontramos en el carril izquierdo un cartón de grandes dimensiones tirado y unos doscientos metros más allá, una pareja de la Guardia Civil detenidos en el arcén. Y, ¿sabéis que hizo mi amigo alemán? Detener su coche y avisarles del peligro existente en la vía. Mientras tanto, el resto de conductores pasaban cabizbajos, seguramente preocupados del porqué su GPS no les estaba marcando el rádar oculto que debía estar unos metros más atrás porque si no, ¿qué hacía allí ese control?

Y luego queremos que nos aumenten los límites, o peor, que nos los quiten. ¡Ja!

Fotos | jo.in.pink, jeffwilcox

  • s63aut

    Por cosas como esas, en Alemania algunas autopistas no tienen límite de velocidad, mientras que aquí dan ganas casi de prohibir pasar de 50, porque con el coeficiente multiplicador que aplica cualquier conductor, acabaremos circulando a velocidad normal.

    La educación vial es, ante todo, educación, si alguien tiene un comportamiento cívico en todo, lo tendrá también en la conducción, pero es imposible ser un antisocial en la vida cotidiana y pretender que esa persona tenga educación cuando conduce.

    Ayer mismo me iba a incorporar a la carretera desde un estacionamiento, había un hueco de coches parados y le hice un gesto con la mano al coche que se acercaba casi parado para agradecerle que me cediera el paso, pero el conductor aceleró y me devolvió el saludo con cara de “que te crees tú eso”, incluso sonreía, supongo que estaría orgullosísimo de que le había cortado el paso y dificultado la incorporación a un coche que podía haberse metido en la fila sin molestarle lo más mínimo.

    • Elisa

      Completamente de acuerdo. Conducimos en parte como somos. Si fomentamos una sociedad de trepas donde la riqueza se consigue especulando y donde no se valora la creación de bienes ‘de verdad’ para la comunidad, ni los valores éticos elementales, pues no vamos a tener empatía al volante, desde luego. Pero como últimamente parecemos más obsesionados con que nuestros hijos ‘triunfen’ en lugar de enseñarles a trabajar en cosas de las que se sientan orgullosos, conservando siempre la satisfacción de vivir de manera solidaria y ética… Mal vamos en ese sentido, desde luego.

  • Elisa

    Excelente ejemplo (una imagen vale más de mil palabras) de cómo se puede ser un conductor de primerísimo nivel, con una formación técnica impecable, sin tener que demostrarlo conduciendo a base de pirulas o de correr riesgos.
    Este conductor tenía un nivel tan elevado que le daba una gran seguridad. Por eso conducía implecable sin necesidad de demostrar nada.
    Es una teoría mía particular pero creo que la brabuconería no es sino la otra cara del miedo a conducir. Si uno siente que no tiene formación tiene 3 caminos delante: a) desertar por miedo b) reconocer que no sabe y obligarse a aprender, c) autoconvencerse de que se es bueno al volante ‘de nacimiento’ y que por tanto es irrelevante si se está poco formado. La brabuconería es c), un sistema de ‘autoprotección mental’ contra la idea de estar poco formado… O al menos, eso es lo que me parece a mí.

    • escargot

      Lo que me gustaría saber es cómo nos ven ellos. Y qué normas y velocidades nos pondrían ellos en base a lo que ven desde fuera. Nos quedaríamos todos con el coche aparcado… y ni eso lo haríamos bien porque ni para eso somos civilizados.