Territorio comanche: el aparcamiento

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Cuando era un chaval, salía corriendo del entreno para ver la serie de dibujos de moda: Dragon Ball. Una de las cosas que más recuerdo era que al bajar de su vehículo, ya fuera una rápida moto sin ruedas o una espaciosa rulot, apretaban un botón y el aparato se convertía en una cómoda cápsula, que guardaban en un estuche de bolsillo.

Ahora con la edad, y tras haber aprendido un par de cosas sobre la conservación de la masa, el peso y el principio de incertidumbre, me parece que tan práctica tecnología seguirá siendo fantasía. Así que, al menos por el momento, nos la tendremos que seguir apañando con el método tradicional: los aparcamientos.

Si bien la circulación en las calles no es que sea una maravilla, no me negaréis que en los aparcamientos es aún peor. En las calles, difícilmente veremos a nadie entrando a una calle en el sentido prohibido. O pasar de calle a calle atravesando los edificios (que sería lo equivalente a pasar por encima de plazas vacías en un parking).

Y con los peatones, más de lo mismo; no es difícil ver a madres con el carrito por el medio del espacio destinado a los coches. Que si fuera el de la compra, quizá valdría la pena ganar esos tres segundos. Pero no suele ser mercancía lo que empujan.

Es que, por la naturaleza de los aparcamientos, lo normal es que uno llegue en coche y se vaya caminando. O viceversa. Es decir, que en un mismo espacio conviven personas a pie y coches en marcha.

O, mejor dicho, deberían convivir. Casi da la impresión que compiten por ver quien utiliza el espacio. Lo cual, si me preguntáis a mi, es un poco tonto por parte de los peatones, que tienen todas las de perder.

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Las normas que rigen la circulación no son un capricho de unos señores trajeados en un parlamento (aunque a veces se empeñen en hacer parecer lo contrario). En realidad, se basan en ciertos criterios lógicos para ordenar y hacer más seguro el tráfico.

Un ejemplo, si las calles son demasiado estrechas, sólo se puede circular en un sentido. Por ello, normalmente se ordenan las ciudades de forma que dos calles paralelas contiguas tengan sentidos opuestos. Así, como mucho, nos veremos obligados a desviarnos una sola manzana.

Pues en los aparcamientos, lo mismo. Los señores que los diseñan probablemente quieren dedicar tanto espacio a plazas para dejar coches como sea posible, y no a crear grandes avenidas entre las filas de vehículos. Suelen limitarse a dejar el espacio necesario para que pase un coche; y la maniobra de estacionamiento sea lo suficientemente cómoda.

Y si no pueden pasar cómodamente dos coches, pues como en el exterior: calles con sentidos alternos. Parece lógico, ¿no? Total, si en la calle por la que puedo entrar no hay una plaza, tampoco tendré que dar tanta vuelta.

Pues resulta que no, que la gente no lo debe ver tan lógico. Si te metes en esa calle, contra dirección, por que has visto que tres plazas más allá tienes un hueco, yo casi lo perdonaría (la ley no, claro, pero qué sabrá). Pero no es eso, no es difícil ver gente contra dirección que anda buscando el sitiazo soñado, o un atajo a la salida.

Cuando lo veo, yo me pregunto: si estás buscando, ¿no te da lo mismo ir por la calle de al lado que va en este sentido? Total, que si no sabemos donde está nuestro hueco, hay las mismas posibilidades que esté aquí que allí.

Es inevitable, al final te los encuentras de cara. No nos pongamos melodramáticos, nadie (espero) ha muerto en una colisión frontal en un aparcamiento. Normalmente basta con que cada uno se aparte con cuidado a su derecha y pasar vigilando que no se toquen los retrovisores izquierdos. Pero no me negaréis que son, por leve que sea, es un problema evitable.

De hecho, en ocasiones puede provocar discusiones. El otro día vi una, que quiero explicar porque me indignó bastante. Quien iba en sentido contrario era una chica (lo cual no es más que circunstancial, esto lo hacen ambos sexos por igual). El otro conductor debía ser una especie de primate con cerebro de ameba, ya que al alejarse bajó la ventanilla, sacó el cuello y gritó «a lavar platos». Yo miré el reloj para asegurarme había retrocedido de siglo, y luego deseé mutar a cualquier otra especie del planeta a la que aquél energúmeno no pertenezca.

Que sí, que no se puede ir en contra-dirección. Pero una vez estamos en una situación, lo mejor es solucionarla lo mejor posible. La confrontación nunca soluciona nada. Un insulto nunca arregla nada… y menos si lo escucha tu esposa, que estaba tu derecha. Esta noche duermes en el sofá.

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Algo a tener en cuenta al aparcar es que el estacionamiento es como el fútbol, si está sobre la línea no es gol. Tiene que entrar completamente. Si el coche nos ha quedado demasiado justo de un lado, centrarlo es cuestión de tirar un poco adelante y luego atrás con un sencillo juego de volante (o al revés, si has aparcado de cara). Debería ser sencillo.

Si no tomamos esa precaución, se produce el efecto dominó. El que aparca a nuestro lado, se ve obligado a escorarse un poco más para dejar espacio a la apertura de puertas. El tercero en llegar, un poquito más… Hasta que llega un momento en que alguien se ve obligado a aparcar entre dos plazas. Al final, resulta que estamos perdiendo una plaza.

Ésto es especialmente grave en los modernos aparcamientos con sensores en el centro de cada plaza. Estos detectores dan la información a unas pantallas que indican a los recién llegados dónde y cuántas plazas libres hay. Si los vehículos no respetan sus posiciones, es perfectamente posible que el sensor quede entre dos coches, marcando la plaza como vacía erróneamente. Yo mismo, no hace mucho, me vi en esta situación hasta tres veces antes de encontrar un hueco real. En días de mucho ajetreo, es perfectamente posible que éstas sean las pocas plazas aparentemente vacías que queden.

Por cierto, a propósito de la maniobra, he observado que la mayoría de la gente deja el coche «de cara» en estos aparcamientos en batería. En la autoescuela se enseña a hacerlo de culo, no por capricho sino por lógica. Si las ruedas directrices quedan fuera del hueco, tienen más espacio para maniobrar. ¿Por qué creéis que la gente lo hace al revés?

En definitiva, que los aparcamientos son todo un mundo aparte. Y no deberían serlo, la seguridad vial es una actitud necesaria desde que salimos de casa hasta que volvemos a ella. Por que, ser fieles a ella aumenta las posibilidades que tenemos de volver sanos y salvos. Incluso cuando caminamos, o intentamos aparcar.

Foto | Manel, paulswansen, Alex92287

  • PAL

    Perpiñan, domingo por la mañana en la Puce, una chica con L y matrícula extranjera (yo) intentando aparcar, y yendo por el carril correcto. Un hombre, sin L, y matrícula francesa intentando salir (ya no aparcar), y yendo en sentido contrario.
    Obviamente, se colapsa todo. ¿A quien acaba tocándole dar marcha atrás? A mi, faltaría más.
    Bien, pongo marcha atrás, me meto en la “calle” transversal, y sale el tipo en cuestión.
    En sentido contrario al mío, una fila kilométrica de coches entrando a la “calle” de donde acabo de salir. Después de varios minutos esperando a una buena persona que me deje pasar, me decido a lo que tanto odio, meter el morro con calzador. Avanzo un poco, y el de detrás, muy majo él, saca la cabeza por la ventanilla y oigo la frasecilla “vete a practicar a otro sitio, niña”. Este de matrícula española, como es obvio.

  • Jaume, te voy a explicar el por que la gente aparca de cara y no de culo (aunque algunos lo hagan como este).
    Se aparca de cara por:
    1º Es más rápido y sencillo de aparcar.
    2º Si haces una compra importante, es más fácil cargar el maletero, ya que te queda para afuera y puedes acercar el carrito (si el aparcamiento esta en un centro comercial).
    3º Ya es como una costumbre social, y nadie piensa en desaparcar.

    Un saludo

  • Yo si puedo aparco de culo. Que luego sacar el coche cuesta mucho, porque no ves si viene alguie o no.

    Mejor dicho.

    Tardas mucho en ver si viene alguien o no. Tienes que sacar mucho coche para ver algo.