Tener el carnet y no conducir, ¿eres uno de ellos?

Personas en un autobús

Cada vez es más frecuente el caso de personas que, a pesar de contar con el carnet de conducir, no conducen habitualmente o incluso no lo hacen desde hace años. Muchos pueden ser los motivos: desde personas que no conducen por comodidad hasta otras que no lo hacen por serios problemas psicológicos. Veamos cuáles pueden ser los motivos y cuál la solución en cada caso.

No conduzco porque no lo necesito

Una de las cosas que se nos vienen a la cabeza cuando hablamos de personas mayores es aquellas que se sacaron el carnet en su momento y se han pasado años, quizás décadas, sin coger un coche. Bien porque su cónyuge o sus hijos hayan hecho de conductor toda la vida, bien porque en el pueblo o en la gran ciudad no lo haya necesitado. Ya la Fundación MAPFRE nos lo contaba en su web, en relación a la problemática que supone enfrentarse al volante pasados los años.

Sin embargo, este fenómeno es cada vez más frecuente entre la gente joven. Lo normal es sacarte el carnet en cuanto cumples los 18 años. Pero no todo el mundo tiene la capacidad de comprarse un coche nada más conseguir el permiso de conducir, ni de pedirle prestado el suyo a los padres o hermanos mayores con la frecuencia deseada. Al final, si no tienes coche propio ni la necesidad imperiosa de pedir uno a diario (por motivos de estudios o trabajo), te acabas buscando otras formas de moverte.

También es especialmente frecuente en las grandes ciudades, de hecho el censo de conductores en zonas como Madrid, Valencia o Barcelona ha descendido. La comodidad del transporte público, el coste de mantener un vehículo, el tráfico en el centro, contar con amigos con coche propio… todo ello puede hacer que una persona se pase cinco o diez años prácticamente sin coger un coche. El perfil más frecuente es el de las chicas en torno a los 30, que se sacaron el permiso de conducir muy jóvenes pero que no llegaron a conducir con regularidad.

No conduzco porque no me gusta

Conductor aburrido

Si eres lector habitual de Circula Seguro, es probable que te guste conducir. O al menos que te preocupes por la seguridad vial, en cuyo caso sí que es probable que seas un conductor habitual. Por eso es posible que te cuente entender que hay gente que, sencillamente, no le gusta conducir y les produce cierto reparo.

Es relativamente frecuente en conductores noveles que, incluso sin haber pasado tiempo desde la obtención de su permiso de conducir, no se sienten con la confianza suficiente como para ponerse en carretera solos sin la supervisión de un profesor. Por eso es importante que las clases de la autoescuela estén debidamente orientadas a aprender a conducir en situaciones reales y a familiarizarse con todo tipo de entornos, más que en enseñar las claves para aprobar el examen.

También es muy frecuente en personas sometidas a circunstancias de gran estrés o propensas a crisis de ansiedad, en cuyos casos las situaciones de tráfico congestionado o falta de aparcamiento no les son precisamente agradables. Es en estos casos donde se produce un mayor rechazo o aversión a conducir.

No en vano, algunos estudios dicen que uno de cada cinco conductores españoles sufre algún grado de ansiedad al volante. De nuevo las mujeres parecen ser mayoría en este caso, hasta un 80% del total, aunque es cierto que los hombres somos más reacios a admitir este tipo de problemas.

No conduzco porque me da miedo

Conductor asustado

El rechazo o la aversión a conducir se pueden ir agravando con el paso del tiempo hasta convertirse en un auténtico miedo. En Circula Seguro hemos hablado ampliamente de la amaxofobia o miego a conducir, aunque existen muchas otras fobias que pueden prácticamente incapacitarnos para coger un coche.

Estos miedos se agravan exponencialmente si ha habido de por medio alguna situación de riesgo o percance de tráfico. Aunque no es necesaria la presencia de traumas post accidentes para la aparición de fobias, los científicos afirman que detrás de muchas de ellas se esconden situaciones traumáticas vividas con anterioridad, relacionada o no con el coche.

Por supuesto, los traumas por siniestros de tráfico (incluso cuando no se han vivido en primera persona), son el motivo más frecuente de desarrollo de fobias como la amaxofobia. Volver a conducir después de un accidente de tráfico es uno de los mayores retos a los que puede enfrentarse una persona, en cuanto que se trata de una actividad que, aunque resulta fácil cuando contamos con la confianza y experiencia suficiente, exige atención y concentración a riesgo de poner nuestra vida en peligro.

¿Cómo puedo volver a conducir después de tantos años?

conductora clases de reciclaje

En la mayoría de los casos, cuando el miedo a conducir es producido por la falta de hábito, basta con recurrir a clases de reciclaje. Éstas son impartidas por autoescuelas a un menor coste que las necesarias para la obtención del permiso ya que se limitan a aquellos que tan solo necesiten familiarizarse con el coche o aprender las diferencias en cuanto a normativa, infraestructuras o equipamiento con respecto a cuando obtuvieron el permiso.

Antes, las clases de reciclaje se impartían casi exclusivamente en el periodo estival, pero ahora es frecuente durante todo el año debido al incremento de la demanda, especialmente por ese tipo de colectivo joven que no contaba en su momento con vehículo propio y que le bastaba con el transporte público para moverse por la ciudad.

Sin embargo, si el miedo es producido por una situación post traumática y se convierte en un problema serio, es necesario recurrir a la ayuda de profesionales médicos especializados en este tipo de terapias. La DGT subvenciona cursos dirigidos a víctimas de accidentes que desarrollan este tipo de dolencias, y autoescuelas de toda España se han especializado en amaxofobia. Este tipo de cursos están formados por terapias psicológicas y clases prácticas de conducción, tutorizadas por los psicólogos y desarrolladas en espacios cerrados.

En cualquier caso, hay una cosa que los expertos no dejan de repetir y que es común para cualquiera de los casos: Enfrentarte al miedo es la mejor manera de vencerlo.


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