
Hace unas semanas comentamos cómo Holanda pretendía gravar más a los coches que tengan más kilometraje. Esto significaba penalizar el uso del coche por placer, aunque por otra parte podría perjudicar a los profesionales que necesitan el coche para desempeñar su actividad. Como todo, eso sería un mal menor con unas sencillas medidas que discriminasen conductores por placer de conductores por motivos profesionales. Y aclaro que aquí discriminar lo utilizo como “distinguir”, no como “perjudicar a uno de ellos”.
Ahora nos encontramos con una noticia que nos cuenta cómo en Barcelona, más en concreto en los peajes de acceso, los coches que menos contaminen podrán disfrutar de un jugoso descuento del 20%. Aparentemente son dos cosas diferentes, pero en realidad todo esto tiene mucho que ver, son cosas relacionadas y en mi opinión, si todo se plantease desde el mismo punto de vista nos evitaríamos tener que aclarar las cosas con los conductores profesionales del primer caso. Me explico.










