Para poder votar este post tienes que identificarte o registrarte aquí.
Para votar este post conéctate con Facebook
Connect

Es curioso pensar cómo determinadas personas, a las que podemos considerar enfermas, son recluidas en un espacio cerrado y apartado de los demás, donde no representen un peligro ni para ellos mismos ni para la sociedad. La sociedad, con la Ley como telón de fondo y con la colaboración de la Sanidad, la Justicia y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad si es necesario, emplea los instrumentos precisos para apartar al que, en su desvarío, pueda causar un mal mayor.
De hecho, en un ejercicio de corte similar, no hace muchos días mi compañero Jaume llegaba a dudar de sus propios principios y, en tono de broma ma non troppo, le negábamos el derecho a la seguridad vial a alguien que podría no merecerlo. Cierto es que en este ejemplo no hablábamos ya tanto de enfermedad mental como de malicia absoluta, y el castigo iba en consonancia.
Sin llegar a tanto y regresando a un plano mucho más realista, la Sanidad confina a algunos enfermos infecciosos para que no contagien al resto de las personas, como ocurre en determinados casos de tuberculosis. De manera análoga, cada pocos años se establecen todo tipo de protocolos para actuar con enfermos de gripes… extrañas. Sin embargo, no se toman cartas parecidas cuando el enfermo puede poner en riesgo su propia salud y la de los demás… en la carretera.
Leer más