Artículos etiquetados como Riesgo y conduccion

El largo camino de la Seguridad Vial

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Cuando nacemos y vamos creciendo poco a poco como bebés, otros guían nuestros pasos y nos enseñan lo que es el bien y el mal. Nuestros padres van inculcando en nosotros esa conciencia de las miles de normas de conducta, de seguridad y normas sociales. Es un proceso largo pero inadvertido al principio, en el que se sientan las bases de nuestro desarrollo.

Está claro que no sabemos nada de seguridad vial porque lo primero que aprendemos es a cuidar de nosotros mismos: o bien nuestros padres o bien la experiencia (“no tocar la plancha porque quema”) nos avisan de las actividades de más riesgo que nos podamos encontrar. Luego viene el momento en el que salimos solos a la calle, ya sea andando o en bicicleta. Y ahí es donde empieza a sonarnos un poco raro lo de la Seguridad Vial, porque entran en juego más actores.
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La Policía y la Guardia Civil usan tuenti para concienciar a los más jóvenes

fiesta jóvenes El fin de semana y la noche suponen un mayor riesgo para los jóvenes

Según datos de la DGT, los accidentes de tráfico fueron la primera causa de mortalidad para el grupo de 15 a 24 años de edad en el 2.008. El pasado año y sólo en accidentes de carretera, fallecieron 259 jóvenes. En cuanto a los momentos de mayor riesgo, destacan el fin de semana y la noche incluyendo la del jueves. De hecho, durante ese periodo se registraron entre los jóvenes de 18 a 24 años el 45% de los fallecimientos, mientras que para el resto de la población el porcentaje es del 34%.

Por tal motivo, la Policía Nacional y la Guardia Civil han lanzado una campaña para concienciar a los más jóvenes sobre la importancia de ser responsable cuando se conduce. Ambos Cuerpos de Seguridad del Estado en colaboración con la DGT han creado en la red social Tuenti una página del Plan Contigo. En dicho portal, que forma parte del Plan para la Mejora de la Convivencia y la Seguridad Escolar, los jóvenes pueden comprobar su nivel de responsabilidad al volante respondiendo a unas preguntas. Desde Circula Seguro también nos unimos al proyecto, ¿y tu?

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Más de un millón de vehículos, sin seguro

Vehículos circulando

En España hay matriculados unos 31 millones de vehículos y, por lo que afirma el Tribunal de Cuentas, más de un millón de ellos circula sin ningún tipo de seguro por la falta de seguimiento que hay sobre este tema. Al parecer, existe un gran desfase entre los números que maneja la DGT y los que maneja el Consorcio de Compensación de Seguros.

Aunque es más que probable que no todo el diferencial se pueda atribuir a vehículos sin asegurar, que ya se sabe cuán traicioneras son las estadísticas, el dato es significativo si tenemos en cuenta que circular sin seguro representa un problema para todo el mundo: para quien no lo contrata, para el que sufre una colisión contra un vehículo sin asegurar y para quienes deben costear la broma.

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Si sólo vamos aquí al lado

Seguridad vial

Este tipo de frases son un claro ejemplo de trivialización de la conducción. En otras palabras, da a entender que no le concedemos la importancia que se merece, lo cual puede llevarnos a circular de una forma más descuidada y, por ende, peligrosa.

¿Y qué importancia se merece? Quizá la forma más justa de valorarlo es pensar en qué ocurre cuando la conducción se desarrolla de forma no deseable. Por ejemplo, si fuéramos un poco melodramáticos, podríamos decir «si circulamos mal, muere gente».

Sin embargo, tampoco soy partidario de exagerar en el otro extremo. No debe hacersenos el culo «pesicola» en cada curva que trazamos. Un exceso de tensión y/o tensión al circular puede provocar un estrés que llegue a ser tan, o más, peligroso que la trivialización.

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La educación emocional, clave para la seguridad vial

Educación vial

Poner nuestras emociones al servicio de nuestra inteligencia, y no nuestra inteligencia al servicio de nuestras emociones. Esa es la idea en la que se fundamenta la capacidad de reconocer y gestionar las emociones, eso que llamamos inteligencia emocional. La inteligencia emocional no la descubrió Daniel Goleman, pero desde que este psicólogo publicara en 1995 su best-seller sobre la materia, no hay master empresarial ni curso de formación continuada en el que no se eche un ojo a la necesidad de gestionar las emociones para mejorar la vida del trabajador y garantizar el éxito de la empresa.

«Una empresa es un ser vivo», «un líder tiene que saber escuchar», «tú ganas, yo gano», «las relaciones personales son primordiales para el éxito». Sí, la inteligencia emocional es hoy por hoy un valor, y se propone como modelo para la toma de decisiones, y no sólo en el ámbito de los negocios. De hecho, si tomamos como punto de partida el factor humano como responsable de lo que ocurre a bordo de un vehículo, comprenderemos la importancia de la inteligencia emocional en la seguridad vial, y por eso podemos afirmar que la educación emocional resulta básica para la educación vial.

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El riesgo es real

Antes de nada, quiero decíos que este quizá sea el mensaje más difícil que he escrito en el año y cuarto que llevo colaborando con Circula seguro. Porque esta vez no hablamos de casos hipotéticos que ejemplifican peligros hipotéticos. Tampoco hablamos de un susto que, por suerte, finalmente quedó en nada.

Esta vez, hablamos de vidas humanas reales que terminaron de forma desgraciada, injusta e inmerecida. Como todos sabéis, la semana pasada ocurrió un accidente de tren terrible, realmente horrible. Un suceso que nos deja a todos compungidos, y con razón.

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Cada vez, duele lo mismo

2 coches en rotonda

Hace justo un año me dirigía a vosotros para explicaros que la primera vez siempre duele. Me refería al primer pequeño incidente que tuve en circulación abierta con otro coche. De hecho, fue tan temprana que aún estaba en prácticas. *No habría conducido ni 40km en mi vida*.

No fue gran cosa, *un pequeño susto*, un bocinazo por parte del profesor y una reacción algo exagerada de un anciano conductor con su propia técnica para rodear glorietas. No fue nada, pero fue el primero, y como siempre, dolió. Aunque ahora sé que, en realidad, *todas las veces duelen por igual*.

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Hola de nuevo, gilí

Salida del sol en las islas Gili

En ocasiones tras alucinar con según qué maniobras, me gustaría poder detener el tráfico, acercarme a la ventanilla de un conductor y preguntarle «¿por qué has hecho eso?». Imagino que muchas veces la respuesta sería «para ganar tiempo».

Pero la gran paradoja es que, a menudo, las infracciones que se cometen «para ganar tiempo», en realidad representan un ahorro realmente paupérrimo. El ejemplo paradigmático es reencontrarse en la cola de un semáforo al que te acaba de realizar un adelantamiento in-extremis. En esas ocasiones, en la intimidad que me dan las ventanillas cerradas, me vienen ganas de saludar «hola de nuevo, gilí».

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¿Susto o miedo? He ahí el dilema

Miedo o susto

Ahora por aquí lo empezamos a llamar Halloween, pero el homenaje anual a los difuntos está tan arraigado entre nosotros como cualquier otra celebración pagana. Estos días recuerdo a una vecina que tuve, una señora ya mayor, muy andaluza ella, que cada vez que veía en la tele el primer anuncio de Halloween en Port Aventura nos preguntaba en casa: «Y a ustedes, ¿esto no os da susto?»

La primera vez que lo preguntó ni siquiera entendí lo que quería decir. Luego traduje mentalmente: «Ah, quiere decir si no nos da miedo». Extraña confusión.

Y el viernes pasado, al hilo del comentario que dejó mi compañero Morrillu en aquella triste entrada sobre el atropello a los mossos d’esquadra, la imagen de aquella mujer (Carmen, se llamaba) me volvió a la cabeza. Y es que no es lo mismo pasar miedo en la carretera que pasar un susto al volante.

Miedo, nunca. Pero es que susto… jamás de los jamases.

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Cómo fijar las alfombrillas (caseramente)

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Cambiar las alfombrillas a mi coche es lo único parecido a personalizarlo que he hecho. Sobre todo, porque el estampado de las que tenía cuando lo compré, evidenciaba claramente que la anterior propietaria no pertenecía a mi mismo género.

Una vez puestas, las nuevas alfombrillas tenían un problema: no incorporaban un sistema de sujeción. La que había bajos mis pies se movía cuando accionaba los pedales. Bueno, cuestión de acostumbrarse, supuse.

Hasta que un día la estora se movió tan hacia adelante que interfería con el mecanismo de los pedales. Concretamente, el embrague no volvía por si sólo a su lugar al ser presionado. Al principio, no me di cuenta de lo que pasaba y me asusté mucho: me imaginaba una factura de cuatro cifras para reparar el embrague. Por suerte, sólo era la alfombrilla.

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