
La foto que ilustra este post no es un montaje de esos que circulan de correo en correo, sino que se corresponde con una calle de verdad que lleva ya unas semanas con el sentido de la circulación cambiado. Tres señales, casi nada, prohíben entrar por esa calle a los conductores que las ven de cara. Una de las placas, para más inri y para que se vea bien, está fijada sobre una valla amarilla. La explicación es simple: los del ayuntamiento han cambiado ahí el sentido de la circulación porque la calle paralela está cortada por obras y de esta forma se canaliza el tráfico de manera provisional mientras duren las actuaciones sobre aquella vía.
He perdido la cuenta de las veces que he visto en estas últimas semanas entrar coches a toda castaña por esa calle, frenar en seco ante otro vehículo que venía de cara y acabar reculando de la mejor menos mala manera posible para salir del atolladero. Cualquiera que viera la escena atribuiría esa manera de operar a lo que llamamos la fuerza de la costumbre, algo que puesto en el entorno de la circulación puede resultar enemigo de la seguridad vial.






