Artículos etiquetados como Psicologia y conduccion

Mitos sobre la experiencia al volante: qué aporta y qué no

experiencia al volante

La experiencia al volante es un arma arrojadiza que esgrimen algunos conductores para justificarse, de forma incorrecta, por sus malos comportamientos al volante. También se utiliza como base para conducir con mayor confianza, lo cual es un punto a su favor siempre y cuando no se caiga en el exceso de confianza. Un conductor, por mucha experiencia que atesore, es un ser humano y por tanto, falible. La experiencia jamás puede sustituir a la atención sobre la carretera y el volante, a mantenernos en buen estado psicofísico y a mantener nuestro coche y sus sistemas de seguridad en perfecto estado de mantenimiento.

Leer más…

¿Por qué nos sentimos culpables si nos para la Guardia Civil?

2995151182_69c0e37fea_o
Es una sensación muy interesante, a la vez que desconcertante. Imaginemos que circulamos tranquilos, quizás a la vuelta de vacaciones, a lo mejor camino del trabajo, y de repente, un control de la Guardia Civil. Los coches ralentizan su marcha y, mientras pasamos discretamente, las dudas empiezan a asaltarnos: ¿y si nos paran? ¿Y si hay algo que va mal? ¿Llevaré toda la documentación? ¿Cuál es?

De la misma manera, si no existe un control como tal, pero sí que vemos una pareja de la Guardia Civil que, seguro que de forma aleatoria, nos da el alto y nos indica que nos detengamos, una leve preocupación puede surgir en nuestras cabezas: ¿habremos hecho algo mal? ¿Cómo me tengo que parar? ¿Y si me multan? Pondría la mano en el fuego, pero creo que cualquiera con un mínimo de sentido común puede haber sentido alguna duda de este estilo alguna vez.

Leer más…

Atreverse a hacer una ‘pirula’

pirula

No sé cuan entendido estará el término coloquial ‘pirula‘, aplicado en la conducción. En mi región la he escuchado a menudo. Básicamente, se trata de una pequeña infracción a la cual se resta importancia debido a que carece de riesgo percibido, a la vez que aporta ventajas en logísticas el trayecto. Es decir, cuando decimos que vamos a hacer una ‘pirula’ nos referimos a que la maniobra que vamos a realizar sabemos que, siendo estrictos, no deberíamos hacer. Pero consideramos no comporta un riesgo real, y facilita nuestra vida.

Hasta el punto que algunas pirulas llegan a institucionalizarse, y prácticamente se convierten en obligación social. De hecho, recuerdo que en mi época de conductor novel había tenido que soportar algún comentario de la guisa “tranquilo, ya aprenderás“. ¿Aprender a qué? ¿A hacer una pirula? La respuesta, por aquél entonces, solía involucrar argumentos como que aún estaba muy influenciado por la autoescuela, y que poco a poco ya me iría atreviendo a circular “de verdad”, a soltarme un poco.

Leer más…

Ira y resentimiento son factores de riesgo en carretera

Conductor no muy amistoso

Conductor no muy amistoso


Ira y resentimiento son dos sentimientos habituales en las carreteras españolas. Diría, aún más, que son elementos de la vida cotidiana de muchas personas en cualquier ámbito. Muchas veces surgen de la frustración, que se produce por motivos económicos o por ilusiones no alcanzadas, pero en realidad no soy psicólogo y no se exactamente dónde están los orígenes de las conductas iracundas al volante. Y tampoco sé de dónde viene esa necesidad de algunos conductores por perjudicar a los demás de forma gratuita, por puro resentimiento contra “algo”.

Cuando un conductor “apura” ante un paso de cebra haciéndose el despistado ante el peatón que espera cruzar; cuando otro cierra la trayectoria para evitar un adelantamiento; cuando se utiliza el carril izquierdo con comodidad durante largo tiempo; cuando en ese mismo carril izquierdo se circula con parsimonia; cuando se ignora la existencia de los intermitentes para señalizar maniobras… los ejemplos son legión, y lamentablemente todo eso redunda en la acumulación de resentimiento en muchos conductores, que finalmente explota en forma de ira en el peor momento.
Leer más…

Dame un dedo y quítame las flechas, o cómo entendemos mejor los signos biológicos que los abstractos

Dedo apuntando una dirección

¿Entendemos bien las señales de tráfico? Dejando de lado esas señalizaciones chocantes que corren por internet, un grupo de investigadores de la Universidad de Exeter, en Reino Unido, han trabajado en un estudio donde han analizado las reacciones de las conductores ante los mensajes que se pueden emplear para dirigir la atención. La conclusión a la que han llegado es curiosa, aunque tiene su lógica: prestamos más atención a símbolos con morfología biológica que a símbolos abstractos.

Traducido y trasladado al terreno de la circulación, eso quiere decir que un conductor o un peatón se dejan guiar más fácilmente por un dedo índice que apunte a una dirección o a un par de ojos que miren hacia un lugar, mucho mejor que si las indicaciones vienen dadas por flechas o palabras. Será que estamos biológicamente programados para lo primero, mientras que lo segundo lo aprendemos.

Leer más…

¿Conducimos de acuerdo con nuestro aspecto físico?

Conductor

Me ha llamado la atención la existencia de este post en el blog de Pedro Arnella, conocido formador de conducción avanzada que lleva casi treinta años trabajando en ese sector. El caso es que Arnella habla del carácter corporal del conductor, y se remite a los estudios del japonés Aruchika Noguchi denominado Taiheki, 体癖, que puede traducirse por “el hábito del cuerpo”, donde explica cómo el cuerpo condiciona la forma de comportarnos.

Siguiendo esta referencia, resulta que las personas que físicamente comparten parecido presentan un comportamiento también similar. Durante años, Arnella estuvo estudiando esta tesis y la vinculó al mundo de la psicología de la conducción, realizando una clasificación en cinco tipos de conductores que se manifiestan de diez formas diferentes.

Leer más…

Sobre gestos, insultos y monólogos sobre ruedas

Manos

Los conductores tenemos una extraña manía, la de hablar, gritar o hacer gestos al parabrisas. Sí, ese elemento de vidrio laminado es un pozo que se encarga de recoger nuestra frustración, improperios y menciones a la madre de otro conductor. Es como Madrid para las manifestaciones.

Este fenómeno se puede observar en dos situaciones, dentro del coche en el que se producen, o fuera del coche donde se producen. ¿Quién de copiloto no ha observado cómo el conductor ha hablado de la familia del que iba delante? ¿Quién no ha pensado eso de “¡Si no te va a oír!”?

Dada la imposibilidad de establecer una comunicación verbal entre ofensor y ofendido, hay que ir más allá de las palabras y recurrir al lenguaje corporal, a “hacer manitas”, de ahí la elección de esta imagen para abrir el artículo. Pero profundicemos un poco.

Leer más…

La toma de decisiones en el coche, sin dudas (y 2)

Conductor decidido

Tal y como vimos el otro día, la toma de decisiones dentro de un coche no puede llevarse a cabo empleando los mismos esquemas que utilizamos cuando nos decidimos por algo tan trascendente como la compra de un vehículo o de una vivienda. Nuestro tiempo de reacción se vería resentido si dentro del coche sometiéramos cada una de nuestras decisiones a una especie de votación popular y nuestra respuesta a cada estímulo sería tardía, lo que conceptualmente equivale a decir que nuestra respuesta sería errónea… independientemente de cuáles fueran las consecuencias de esa respuesta, ya que lo que por suerte no ha pasado hoy, puede pasar mañana.

Necesitamos tomar decisiones siguiendo un modelo que nos garantice seguridad y agilidad, y ese modelo partirá de dos premisas: la información que nos llega es veraz y lo que decidimos, bien decidido está. Claro, que dicho así y de repente la cosa puede malinterpretarse y podemos acabar colisionando contra cualquier cosa porque nos parecía que no estaba ahí o porque creíamos que lo que hacíamos era correcto, de manera que vamos a matizarlo un poco.

Leer más…

La toma de decisiones en el coche, sin dudas (1)

Toma de decisiones dentro del coche

Mi amigo Enrique trabaja en una tienda de ropa y me cuenta que en estas fiestas apenas ha visto compras por impulso, que a la hora de decidirse la gente se lo ha pensado un poco más por lo general y que han estructurado sus compras de manera diferente a lo que solían hacer antes de la crisis: ahora van primero a la tienda a preguntar, luego se pierden durante unos días, comparan, se lo piensan… y finalmente vuelven a la tienda para hacer efectiva la compra.

Es normal. Antes de tomar una decisión sopesamos pros y contras, calibramos las consecuencias de nuestros actos. Y cuanto más engorrosos son los condicionantes, económicos en el caso de los clientes de Enrique, o cuanto mayor es el riesgo que corremos al decidir, mayor tiempo nos damos para no equivocarnos.

Lógico, ¿verdad? Bien, pues en materia de circulación, cuando vamos dentro del coche, y cuando el riesgo de una decisión mal tomada es vital, esto no funciona exactamente así. Puede parecer paradójico, pero dentro de un coche la toma de decisiones no funciona exactamente sopesando pros y contras porque no puede ser así.

Leer más…