
Los conductores tenemos una extraña manía, la de hablar, gritar o hacer gestos al parabrisas. Sí, ese elemento de vidrio laminado es un pozo que se encarga de recoger nuestra frustración, improperios y menciones a la madre de otro conductor. Es como Madrid para las manifestaciones.
Este fenómeno se puede observar en dos situaciones, dentro del coche en el que se producen, o fuera del coche donde se producen. ¿Quién de copiloto no ha observado cómo el conductor ha hablado de la familia del que iba delante? ¿Quién no ha pensado eso de “¡Si no te va a oír!”?
Dada la imposibilidad de establecer una comunicación verbal entre ofensor y ofendido, hay que ir más allá de las palabras y recurrir al lenguaje corporal, a “hacer manitas”, de ahí la elección de esta imagen para abrir el artículo. Pero profundicemos un poco.











