
Hace unas semanas fui testigo de la construcción de una nueva rotonda en uno de mis trayectos más habituales. De hecho, es bastante habitual encontrar obras en la carretera en pleno verano, y es que se supone que en estas fechas el volumen de tráfico disminuye. Se supone, digo.
El caso es que, dejando de lado los innegables inconvenientes que tiene para quien se encuentra los trabajos en la carretera, siempre me llama la atención la ejecución de estos proyectos, ver cómo aquello que tú creías que quedaba muy alejado de la carretera en unos días pasa a estar integrado en tu ruta, y cómo aquel camino por el que te hacían pasar y que tú creíste definitivo es ahora un lateral que queda en sentido contrario al que tú empleabas.






