En estos días en que todo el mundo mira hacia Japón, yo me quedo en Tarragona. Me queda más cerca y me llama mucho más la atención lo sucedido el pasado domingo en la N-340 que un desastre natural, aunque las consecuencias de este último hayan sido tan espectaculares. Y como a mí no me mueve el espectáculo sino la voluntad de mejora constante, me centro en el drama de dos madres que se echan a la carretera con sus hijos y, en un momento dado, colisionan contra un tráiler.
Intento averiguar lo sucedido y leo tantas informaciones como contrainformaciones. Al parecer, una mujer ecuatoriana de 31 años sin permiso de conducir español coge un coche sin seguro porque se le ha escapado el autobús para ir a misa. La acompaña otra mujer, de 40 años, y dos niños, de 1 y 8 años, sin sistemas de retención infantil ni cinturones de seguridad. Llegan a un punto de la vía en el que la señalización parece confundir a la conductora y chocan mortalmente contra un tráiler cuyo conductor resulta ileso.




