
Ahora que no nos escucha nadie, dejadme que os haga una confesión. Como activista de la seguridad vial y la conducción responsable, muchas veces me encuentro ante la vicisitud de mantener posturas algo delicadas cuando mi forma de pensar colisiona con el mundo real.
Me refiero sobre todo a las típicas discusiones sobre multas, afán recaudatorio, radares,… Supongo que ya imagináis por donde van los tiros. Aunque sean verdades como templos de elefantes, es muy difícil decirle a alguien que le acaban de sisar doscientos euros del bolsillo que «a 140 la energía cinética es un 36% superior que a 120» o «corriendo tanto, en vez de dinero, podrías perder la vida».
Porque,ahora que no nos escucha nadie, el simple hecho de creer que los conductores deberíamos pensar un poquito más en nuestras vidas, y las vidas de los que nos rodea, no significa que automáticamente deba estar conforme los estamentos responsables.









