
Tengo la suerte de no tener ningún familiar cercano con discapacidades, por lo que aunque lo intente, seguramente no pueda ponerme en la piel de la gente que diariamente se tiene que enfrentar a problemas para hacer cosas que a los demás nos resultan de lo más cotidianas. Entre ellas está por ejemplo poder pasear libremente por una ciudad. Libremente y con seguridad. Sin embargo, la gente con discapacidad visual lo tienen verdaderamente complicado ya que según el informe del observatorio de la accesibilidad universal en los municipios españoles, que ha realizado la Fundación ONCE, el 67,7 por ciento de los semáforos de las ciudades carece de un avisador acústico.
Por si no fuese ya de por si poco complicado tener que moverse por una ciudad guiándose únicamente por el sentido del oído, del tacto y de los recuerdos para saber dónde se encuentran, aun ponemos la dificultad añadida de tener que lanzarse a la jungla del asfalto sin saber si pueden o no cruzar sin peligro, viéndose obligado a depender para ello de otras personas.





