
El asfalto arde bajo el sol. No hay ni una alma en cien kilómetros a la redonda. La familia comienza a estar cansada del viaje, pero todavía quedan unas horas hasta llegar a destino. De repente, el coche hace un ruido raro y se para.
Tras abrir el capó y constatar que no tiene ni idea de lo que ha podido pasar, el conductor decide usar el teléfono para pedir ayuda. El sol quema y dentro del coche los niños ya no aguantan un minuto más sin echarse a llorar.



