Artículos etiquetados como Marcha atras del coche

Los vicios de la marcha atrás


La marcha atrás es muy útil cuando hemos de maniobrar para, por ejemplo, aparcar. Es una marcha muy corta, que no sirve para circular, sino para eso, maniobrar. Y punto. No se puede utilizar por más de 15 metros, no se puede invadir un cruce marcha atrás, y no se puede salir de un vado marcha atrás. Está prohibido, y hacerlo puede conllevar sanción y pérdida de puntos, y aquí debería terminarse todo argumento.

Pero no, al contrario, cada día se ven decenas de maniobras de marcha atrás que son, en realidad, un vicio del conductor: el vicio de no maniobrar lo suficiente. Ver salir a un coche marcha atrás de un lugar, invadir un cruce o salir de un vado significa que el conductor, en el 95% de los casos, fue muy vago en algún momento.

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Cuando la infracción tiene sanción y pérdida de puntos: marcha hacia atrás

marcha hacia atrás

La marcha hacia atrás realizada con nuestro vehículo, junto con el cambio de dirección y sentido, adelantamiento, paradas y estacionamientos, es una de las maniobras básicas de la circulación. Una maniobra muy simple pero que puede ser, a su vez, peligrosa si no adoptamos una serie de precauciones antes de llevarla a cabo de forma correcta como, por ejemplo, observar la circulación que impere en ese momento por ese lugar y señalizar dicha maniobra con antelación.

Toda maniobra que implique alterar o variar sensiblemente la posición de nuestro vehículo puede no sólo afectar sino también sorprender al resto de usuarios que comparten el mismo escenario por donde se circule. Por eso, es importante saber cómo puede realizarse correctamente. De hecho, el Reglamento General de Circulación puede sancionar al conductor en el supuesto de circular hacia atrás pudiendo evitarlo con otra maniobra. Pero existen más supuestos. Vamos a verlos.

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Oblicuidad

Tres coches (mal) aparcados en oblicuo

La imagen que encabeza este artículo fue tomada ayer mismo en un lugar que guardo con especial cariño en mi corazoncito, ya que fue mi segunda casa durante más de diez años. Acudía prácticamente a diario, vi y viví la transformación de la zona.

De una calle estrecha que moría en un descampado donde los vehículos se amontonaban de forma desordenada, pasó a ser un amplio paseo donde da gusto caminar. La calle se prolongó a través del antiguo solar, ahora perfectamente re-ordenado como un aparcamiento asfaltado.

Aunque yo aún iba por allí cuando todo este proceso terminó, cuando fui ayer me pareció como si lo viera por primera vez. De alguna forma, en mi memoria seguía incrustada la imagen de antaño. En vez de aquél mar de coches aparcados en fila y contra-fila, lo que veían mis ojos era una calle perfectamente ordenada, con los vehículos aparcados en oblicuo a lado y lado de una calzada donde, ahora sí, había un carril para cada sentido.

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¿Por qué es ‘tan’ dificil aparcar bien?

Coche torpemente aparcado

Una de las maniobras que infunde mayor respeto a la mayor parte de proto-conductores cuando empiezan las prácticas es el estacionamiento. Preocupaciones como darle un golpe a otro coche, subirse a la acera, superar el tiempo permitido, dejarlo demasiado lejos del bordillo o torcido, etc. Incluso en ya una vez con la tarjetita rosa, una maniobra un poco patosa puede fácilmente ser blanco de protestas… y lo que es peor, risas.

Si me preguntáis a mi, estas preocupaciones son, como mínimo, superfluas. Difícilmente va uno a sufrir un accidente grave aparcando. Ni siquiera a causar desperfectos que realmente valga la pena considerar. Hay mil cosas que debería preocupar a todo el que se ponga tras un volante, ya sea para aprender o con miles de kilómetros en las espaldas.

Pero lo cierto es que, lógica a parte, dicha preocupación existe. Así que analicemos un poco los motivos por los que es tan difícil aparcar.

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Marcha atrás, lento y si no puedes hacer nada más

SUV

El otro día giraba yo muy tranquilamente hacia una calle que me llevara hasta un parking donde esconder el coche y de repente me encuentro con un todoterreno avanzando retrocediendo hacia mí a una velocidad de susto. Tras buscar desesperadamente el claxon de mi vehículo (¿por qué en cada coche ponen el pito en un sitio diferente?) le metí una pitada digna de derbi futbolero. El conductor frenó en seco, giró en redondo y se subió totalmente a la acera para acabar saliendo por la calle que yo había dejado atrás.

Zona de paso habitual de críos y más en estas fechas, con las vacaciones y todas esas cosas. Como para que hubiera pasado algún chavalín por allí en aquel momento…

El caso es que continué mi marcha por aquella calle, convencido de que debía existir una razón que justificara tal comportamiento. No tardé en dar con ella.

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