
La imagen que encabeza este artículo fue tomada ayer mismo en un lugar que guardo con especial cariño en mi corazoncito, ya que fue mi segunda casa durante más de diez años. Acudía prácticamente a diario, vi y viví la transformación de la zona.
De una calle estrecha que moría en un descampado donde los vehículos se amontonaban de forma desordenada, pasó a ser un amplio paseo donde da gusto caminar. La calle se prolongó a través del antiguo solar, ahora perfectamente re-ordenado como un aparcamiento asfaltado.
Aunque yo aún iba por allí cuando todo este proceso terminó, cuando fui ayer me pareció como si lo viera por primera vez. De alguna forma, en mi memoria seguía incrustada la imagen de antaño. En vez de aquél mar de coches aparcados en fila y contra-fila, lo que veían mis ojos era una calle perfectamente ordenada, con los vehículos aparcados en oblicuo a lado y lado de una calzada donde, ahora sí, había un carril para cada sentido.





