
Hace justo veinticuatro horas os hablaba sobre la importancia de la atención en la seguridad vial. Lo argumentaba diciendo que nuestra mente es la herramienta más poderosa que disponemos. Pero como toda herramienta, para que sea efectiva hay que aplicarla bien.
Pues bien, esta mañana he sido testigo de una anécdota que tiene bastante que ver con el asunto, y no puedo resistir la tentación de compartirla con vosotros. Además de venir como anillo al dedo, es una anécdota incruenta, donde nadie nunca corrió peligro (más que de hacer el ridículo). Tiene que ver con uno de los mayores ladrones de atención al volante: el teléfono móvil.
A estas alturas de la película ya deberíamos tener todos muy muy claro que circular con el teléfono en la mano no es del todo seguro. Por desgracia, mirando a través de los parabrisas, aún descubrimos un alarmante número de personas que conducen agarrándose la oreja.





