
He podido comprobar que, si mi profesor de autoescuela repetía esta frase, era por un buen motivo. Incluso en mis escasos ocho meses de carnet ya he podido verificar como hacerle caso me ha ahorrado unos cuantos sustos, así que, si os parece bien, compartiré con vosotros sus consejos.
Pongámonos en situación. Salida de una autopista, que desemboca en una carretera convencional a la que me quiero incorporar girando a la izquierda. Claro está, me detengo en el preceptivo stop. La carretera transversal estaba algo transitada, así que se formó una cola, empecé siendo el tercero. Tras aprovechar sendos huecos, salen los dos primeros. A mi no me da tiempo, así que simplemente dejo deslizar el coche poco a poco en punto muerto hasta la línea de detención. Por fin, parece que hay un hueco. Primera, medio embrague y listo para acelerar…
Supongamos por un momento que no hice caso de las palabras de mi profesor. En ese caso, ahora, con suerte os estaría escribiendo desde la cómoda cama de un hospital. Resulta que en el breve instante de tiempo en aparté la vista para poner la marcha, un coche se había incorporado desde una finca particular y pasaba por delante de mi coche acelerando generosamente.








