
Uno de los asuntos del mundo del volante que siempre me ha llamado la atención es la violencia vial. Me fascina ver aspavientos y escuchar gritos y pitadas. Me pone de mala leche, sí, pero es un comportamiento que me llama poderosamente la atención. Tanto es así, que desde hace mucho tiempo me pregunto por el motivo de tanto mal rollo lanzado a través de un cristal.
Por razones de mi profesión, a diario tengo multitud de ocasiones para contemplar cómo el ser humano emplea el coche para expresar sus frustraciones en forma de bronca hacia los demás. Y si el destinatario de la bronca es un ser que se encuentra en inferioridad de condiciones, como le suele ocurrir a las personas que están aprendiendo a nadar con un coche en un mar repleto de tiburones, tanto mejor.
Y estoy yo reflexionando acerca de esta cuestión cuando, mira tú por dónde, me llega una nota de la revista Travesía en la que Luis Montoro, catedrático de Seguridad Vial, presidente de Fesvial y muchas cosas más, habla de la agresividad en el tráfico.




