
El pasado viernes el equinoccio convirtió el verano en historia. Apenas hace unos días y ya las vacaciones parecen un vago recuerdo de una vida anterior,... y las próximas, una lejana utopía imposible de alcanzar. Y, mientras tanto, el otoño tiñe de malva cielo cada día a una hora más temprana.
Es una estación de contrastes cromáticos. Las hojas de los árboles caducifolios conforman un lecho ocre sobre el que pasear agarrados, aunque uno nunca acierta con el tipo de ropaje adecuado a la ocasión. El aumento de lluvias y tempestades oculta el cielo de vivo azul que nos envolvía durante el verano, tapándolo con un agresivo terciopelo oscuro.
Observando el repiquetear de las gotas en el parabrisas, a punto de volver al hogar tras una dura jornada de trabajo, uno no puede evitar interrogarse sobre cómo ha llegado su vida hasta esa tarde de otoño. Si parece ayer mismo cuando tomábamos el sol entre mojitos. Hoy lo único verde que prueban nuestros labios es un jarabe para tratar los primeros azotes de un tiempo inestable.





