
Como mucha gente, trabajo en un polígono industrial, y todos no hay ni un día que no oiga y vea circular algún imitador de Fernando Alonso, infringiendo todas las normas de circulación y, porque no decirlo, de sentido común. No me refiero a un giro prohibido, o a un cambio de sentido, o a un mal estacionamiento (a veces, los diseñadores de polígonos piensan que no hacen falta plazas de aparcamiento, porque aún a 20 kilómetros de la ciudad, se llega andando), sino a las verdaderas barbaridades al volante.
Hace unos meses, Josep Camós hacía hincapié sobre el dato de que CCOO afirmaba que los accidentes ‘in itinere’ crecen en Madrid porque los polígonos carecen de transporte público, y nos aconsejaba sobre tres factores que se debían evitar para disminuir los datos de siniestralidad.





