
La situación típica cuando uno sale de viaje por vacaciones, por ejemplo ahora en Semana Santa, o circula con su coche tranquilamente, suele incluir acciones como “acelerar para conseguir la velocidad adecuada”, “girar el volante para negociar las curvas y maniobrar”, y “pisar el pedal del freno para disminuir la velocidad o bien detener el vehículo”. Junto a esas acciones van otras cuantas como seleccionar la marcha adecuada en cada momento, revisar los espejos, comprobar que tenemos combustible…
De todas esas situaciones, la menos deseable para convertirse en falsa es la que concierne a los frenos. Que fallen los frenos o que no nos respondan con eficacia cuando los necesitamos es un síntoma de que la cosa puede acabar francamente mal. Pero tranquilos, con un buen mantenimiento de los frenos podemos quitar una variable de incertidumbre para el funcionamiento de nuestros queridos amigos. Lo preocupante en general empieza cuando un amplio porcentaje de los conductores de este nuestro país no reconocen los síntomas que anuncian un próximo fallo de los frenos, o la pérdida considerable de prestaciones de frenado. Vamos a enumerar situaciones y “sentimientos” que pueden darnos pistas sobre cómo están los frenos, y qué podemos hacer.












