Artículos etiquetados como Ética y Educacion Vial

Educación Vial, ¿empezamos desde cero?

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Empezamos hablando sobre Educación Vial, como no podía ser de otra manera, coincidiendo con el Día Internacional del Libro Infantil que se celebró ayer y con ésta frase que acabo de leer por el Twitter de Neil Gaiman, uno de sus promotores y que guarda relación con el tema de hoy: La clave no es aprender de los niños, sino no olvidar que lo fuimos, para explicar, más adelante, que podemos enseñar a los que nos siguen, a esos locos bajitos, como decía el humorista Miguel Gila, porque desde que aprenden a caminar tienen que ir con cuidado y eso lo sabemos, sobre todo, los que somos padres.

Pero, volviendo al asunto y después de escuchar la canción interpretada por Joan Manuel Serrat sobre esos locos bajitos…, a modo de reflexión, ¿fuimos nosotros, los padres, educados en educación vial? o, mejor dicho, ¿Era, por entonces, la educación vial en los colegios como el valor en el ejército? Porque si nos remitimos a fechas históricas, el Código de la Circulación (del año 1934) ya hablaba sobre la obligatoriedad de impartir enseñanzas sobre normas de circulación y consejos de prudencia por los centros escolares. Pero, entonces…, ¿dónde estamos? ¡Ya! Se supone, que hablamos de educación vial…

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De esas cosas que todos podemos hacer alguna vez… o no

Tres coches circulando pegadísimos por autopista

Tres coches circulando pegadísimos por autopista


Este es un post singular porque vamos a enfocarlo como el juego de “encuentre usted los errores en esta foto“. No, no se trata de la foto de cabecera (pero también la podemos poner a caldo), la foto os la voy a poner más adelante, porque antes de que nuestra atención se centre en el susodicho recuadro, hay que explicar por qué lo planteamos así.

En nuestro día a día recorremos distancias en determinado tiempo, muchas veces pasamos por el mismo sitio, o hacemos el mismo recorrido exactamente, y corremos un riesgo muy común, también, que es el de acostumbrarnos a la ruta. Desconectar de la realidad. Y en ocasiones, cometer infracciones. Eso nos puede pasar a todos, nos guste o no reconocerlo, y por eso nunca hay que cansarse de recordar las cosas más elementales.
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Civismo, educación y conducción van de la mano

Enfadado al volante

La Fundación Vinci Autoroutes presentaba hace aproximadamente un mes los resultados de una encuesta que realizó a los conductores europeos de Francia, Alemania, Bélgica, España, Gran Bretaña, Italia y Suecia. Podéis ver varios de los resultados en el siguiente enlace aunque quizás lo más llamativo es que los propios conductores españoles reconocen que son los que más pitan al resto. El civismo (o la falta de él), la educación (o la falta de ella) van de la mano con la conducción.

Tocar el claxon para evitar un accidente es lo que se debe hacer al mismo tiempo que uno mismo intenta la maniobra evasiva. Y en la mayoría de las ocasiones no es necesario llegar más allá. Ni intentar reventar los tímpanos del resto de los conductores, ni meter el morro del coche porque yo tengo razón (cuántas colisiones habré visto por ese motivo), o empezar a mentar a los familiares del otro conductor. ¿De qué nos sirve?

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Clases caseras de conducir: ¿un riesgo para la seguridad vial?

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La tarea de conducir no se transmite enteramente de padres a hijos como piensan algunos cuando deciden, a título particular, enseñar a sus hijos las pautas a seguir sobre la conducción. Unos conocimientos que, ellos mismos, aprendieron en su momento y que han ido mejorando con el paso del tiempo pero que no pueden considerarse, y mucho menos utilizarse, como patrón para el aprendizaje de cualquier vehículo de motor, ciclomotor y vehículo para personas de movilidad reducida.

He mencionado, de la clasificación de vehículos, los que requieren algún tipo de autorización para poderse conducir y debemos saber que para obtener dicho permiso se precisa de unas actitudes y aptitudes conforme al modelo actual de formación vial y aprendizaje en la conducción. Por tanto, todo aquel que posee su autorización para conducir sabe de sobra que no es poco todo lo que se adquiere durante el periodo de enseñanza y la responsabilidad que conlleva el manejo de los mandos de cualquier vehículo.

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Pasajero responsable, o ¿Y si no me quiero subir contigo?

Ausencia de pasajeros

Supongo que la gran mayoría de los que frecuentáis estas páginas dedicadas a la seguridad vial sois sobre todo conductores, aunque todos sin excepción jugamos el rol de pasajeros de vez en cuando. Con mayor o frecuencia, en ocasiones nos vemos en el interior de un vehículo manejado por otra persona. De hecho, durante los primeros años de nuestras vidas (por lo menos 18, a veces más) no había alternativa a ser pasajero forzoso.

No obstante, tras unos años de emancipación vial, los que nos convertimos en conductores habituales la sensación de sentirse pasajero ocasional se convierte en extraña. Porque estamos cediendo la responsabilidad de transportarnos de forma rápida y segura a otra persona. Sin embargo, esa responsabilidad no emana del aire, ni de la tarjeta rosa que el conductor lleva en la cartera; somos nosotros mismos quienes le otorgamos dicha responsabilidad al aceptar convertirnos en pasajeros.

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Ante un siniestro vial, presta auxilio, ayuda, pero no te vayas

Sé lo que hicisteis este último verano

Una noche de verano, cuando volvían de una fiesta en coche, dos parejas de jóvenes en estado de embriaguez atropellan a una persona que transitaba por una carretera desierta. Confundidos y asustados, deciden arrojar el cadáver al mar. Quieren evitar el castigo de la justicia eliminando todas las pistas pero la conciencia les ahoga, tanto, que sufren pesadillas que no terminan

Es el argumento de una película de cine que no es nueva pero la rescato del archivo de mis favoritas para reflexionar sobre la conducta de los jóvenes. Si les parece, les invito a ver primero la película sé lo que hicisteis el último verano, basada en la novela de mismo nombre por Lois Duncan y luego me comentan.

En cualquier caso, sirve el argumento para demostrar que las conductas, vamos a llamarle, erróneas pasan factura a quién las comete. Evadir una responsabilidad no es corregir un error sino más bien cometer un error aún más grave. Por eso, esconderse es de cobardes y admitir un error es de valientes. No te compliques la vida y asume tu responsabilidad.

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La lógica… o el problema del yo

Me ha venido a la mente una anécdota de cuando aún estaba en prácticas. ¡Parece mentira que ya haga 16 meses! No recuerdo exactamente a qué fue debido, pero mi profesor comentó que uno de mis mayores problemas a la hora de circular seguro era ser «demasiado lógico».

Inocente de mi, siempre había pensado que la lógica era una de esas cualidades que nunca pueden llegar al grado de demasiado, como ser buena persona… o rico. De hecho, lo sigo pensando. El problema, por supuesto, se crea si dos conductores aplican lógicas diferentes.

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Dejar una nota en el parabrisas no es tan difícil

Catadióptrico roto

Quizá te suene esta escena. Llegas al parking donde has dejado el coche, te dispones a abrir la puerta y, de repente, te encuentras con una desagradable sorpresa. Un golpe, un rayajo, un catadióptrico roto, tanto da. Alguien ha cometido una torpeza y ha dejado su huella en tu coche.

Comienzas a inspeccionar el resto del vehículo y acabas dándote cuenta de que, de toda la Historia que acumula la carrocería, sólo puedes atribuir a tu mal hacer como conductor un pequeño refregón que llevas en el parachoques, de aquel día que tirando hacia atrás diste con una papelera que nadie te dijo que estaba allí. El resto de las cicatrices que muestra tu vehículo son producto de las maniobras de los demás.

Sin embargo, no es eso lo que más te incomoda. Lo que hace que te mosquees y te cabrees es mirar y remirar por todo el vehículo en busca de una nota de disculpa con un número de teléfono que sirva para aclarar las cosas… y no encontrarla.

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