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ética

Ante un siniestro vial, presta auxilio, ayuda, pero no te vayas

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Sé lo que hicisteis este último verano

Una noche de verano, cuando volvían de una fiesta en coche, dos parejas de jóvenes en estado de embriaguez atropellan a una persona que transitaba por una carretera desierta. Confundidos y asustados, deciden arrojar el cadáver al mar. Quieren evitar el castigo de la justicia eliminando todas las pistas pero la conciencia les ahoga, tanto, que sufren pesadillas que no terminan

Es el argumento de una película de cine que no es nueva pero la rescato del archivo de mis favoritas para reflexionar sobre la conducta de los jóvenes. Si les parece, les invito a ver primero la película sé lo que hicisteis el último verano, basada en la novela de mismo nombre por Lois Duncan y luego me comentan.

En cualquier caso, sirve el argumento para demostrar que las conductas, vamos a llamarle, erróneas pasan factura a quién las comete. Evadir una responsabilidad no es corregir un error sino más bien cometer un error aún más grave. Por eso, esconderse es de cobardes y admitir un error es de valientes. No te compliques la vida y asume tu responsabilidad.

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La lógica... o el problema del yo

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Me ha venido a la mente una anécdota de cuando aún estaba en prácticas. ¡Parece mentira que ya haga 16 meses! No recuerdo exactamente a qué fue debido, pero mi profesor comentó que uno de mis mayores problemas a la hora de circular seguro era ser «demasiado lógico».

Inocente de mi, siempre había pensado que la lógica era una de esas cualidades que nunca pueden llegar al grado de demasiado, como ser buena persona… o rico. De hecho, lo sigo pensando. El problema, por supuesto, se crea si dos conductores aplican lógicas diferentes.

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Dejar una nota en el parabrisas no es tan difícil

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Catadióptrico roto

Quizá te suene esta escena. Llegas al parking donde has dejado el coche, te dispones a abrir la puerta y, de repente, te encuentras con una desagradable sorpresa. Un golpe, un rayajo, un catadióptrico roto, tanto da. Alguien ha cometido una torpeza y ha dejado su huella en tu coche.

Comienzas a inspeccionar el resto del vehículo y acabas dándote cuenta de que, de toda la Historia que acumula la carrocería, sólo puedes atribuir a tu mal hacer como conductor un pequeño refregón que llevas en el parachoques, de aquel día que tirando hacia atrás diste con una papelera que nadie te dijo que estaba allí. El resto de las cicatrices que muestra tu vehículo son producto de las maniobras de los demás.

Sin embargo, no es eso lo que más te incomoda. Lo que hace que te mosquees y te cabrees es mirar y remirar por todo el vehículo en busca de una nota de disculpa con un número de teléfono que sirva para aclarar las cosas… y no encontrarla.

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