
Por fin hemos llegado a nuestro lugar de veraneo. Atrás quedan kilómetros y kilómetros de autopistas y carreteras. Hemos ido parando cada dos horas, cada doscientos kilómetros o en cuanto el cuerpo nos ha dado la menor señal de cansancio. Hemos ido bebiendo agua, zumos, algún que otro café y algún que otro refresco. Nos lo hemos tomado con calma, sabedores de que no por mucho madrugar amanece más temprano y conscientes de que más vale perder un minuto en la vida que la vida en un minuto.
Al final, tantas campañas de concienciación, tantos consejos leídos y escuchados aquí y allá nos han servido para llegar indemnes a nuestro destino. Ahora viene lo mejor: disfrutar de las vacaciones… sin problemas en la carretera.
¿Cómo conseguirlo?



