
Cannabis, cocaína, diazepam, metadona y codeína son algunas de las 24 sustancias psicoactivas que cantarán de plano en los múltiples controles que se realizarán hasta el mes de diciembre en las carreteras de nuestro país. Sin pinchazos ni micciones en un botecito de plástico. Un bastoncillo empapado en saliva será suficiente para que la DGT conozca la frecuencia de consumo de drogas de entre 3.000 y 4.000 conductores.
Los datos que se obtengan se compararán con los del resto de países europeos dentro del proyecto DRUID, que estudia todo lo concerniente a la conducción bajo la influencia de las drogas, el alcohol y los medicamentos. Y es que el año pasado se detectaron restos de estas sustancias en el 40% de los conductores fallecidos en nuestras vías.
Durante el mismo periodo, 43.447 personas fueron condenadas en España por conducir bajo los efectos de alcohol o drogas. Y no parece que la cosa vaya a cambiar a corto plazo, más bien al contrario. Durante los primeros seis meses de 2009 se condenó a 24.671 conductores por el mismo motivo. Calculadora en mano, podríamos acabar este año con casi 50.000 condenas por conducir en esta situación.





Sorpresa. Diría que esa ha sido la primera sensación que he tenido al leer esta mañana la noticia que aseguraba que las drogas adelantaban al alcohol entre los conductores españoles. Casi el 8% de los conductores que se sometieron a controles de detección de drogas este fin de semana dieron positivo. El porcentaje de los conductores que dan positivo por alcohol es inferior al 3%. Esta noticia debería hacernos reflexionar mucho más allá de lo que la seguridad vial abarca. 




